Acompañamiento espiritual, contención y servicio: la tarea silenciosa que cumple una comunidad religiosa en el hospital Schestakow

En el hospital Teodoro J. Schestakow, una labor silenciosa pero profundamente significativa se sostiene desde hace 35 años. Se trata del trabajo que llevan adelante las hermanas del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, quienes desarrollan un acompañamiento integral a pacientes y sus familias que va mucho más allá de lo estrictamente espiritual.

“Soy María Virgem Solícita, madre superiora de la comunidad del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, fundado acá en Argentina, en San Rafael; y justo nos han invitado para festejar los 35 años de misión ahí en el hospital”, detalló a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 la religiosa que encabeza la misión en el nosocomio.

Actualmente son cuatro las hermanas que integran la comunidad, instalada en el cuarto piso del hospital, donde también se encuentra la capilla. Desde allí despliegan una tarea diaria que incluye visitas a pacientes en todas las áreas, desde salas comunes hasta terapia intensiva.

“Somos cuatro religiosas que formamos la comunidad”, explicó, al tiempo que dimensionó el alcance del trabajo: “Visitamos como a 300 enfermos por semana cada una, en total 1200 enfermos por semana”. El acompañamiento que brindan no se limita a lo espiritual. Según explicó la religiosa, la misión implica un abordaje integral de la persona y su entorno. “Uno pasa a acompañar no solo la parte espiritual, sino también la parte material y la parte familiar”, afirmó.

Más allá de lo espiritual: asistencia material y contención

En ese sentido, relató que muchas veces las hermanas asisten a familiares que atraviesan situaciones críticas. “Muchas veces en un momento de dolor, poder que uno llegue, le consuele, le lleve lo que necesite”, expresó, mencionando casos en los que colaboran con ropa, alimentos o elementos básicos.

Una de las acciones más concretas es la preparación de comidas para quienes acompañan a pacientes internados. “Cocinamos almuerzo y cena, cada día de lunes a sábado, para los acompañantes”, contó, y explicó que esta ayuda resulta fundamental: “El acompañante muchas veces vive de sándwiches o de galletitas”.

Las hermanas visitan cerca de 1200 pacientes por semana en el hospital Schestakow

Historia y vocación en el corazón del hospital

La presencia de las hermanas en el hospital tiene su origen en 1991, a partir de una solicitud de la Iglesia local para reforzar la atención espiritual en la capilla, que ya existía desde hacía años. Desde entonces, la comunidad se consolidó como un pilar dentro del funcionamiento cotidiano del hospital. “Es una gracia muy grande estar en el hospital, como nosotros decimos, estar justamente en el corazón del hospital”, expresó la madre superiora.

María Virgem Solícita es oriunda de Brasil, más precisamente de San Pablo, y relató que su vocación religiosa se manifestó desde muy temprana edad: “Yo vi la vocación a los cinco años”. A lo largo de su testimonio, también reflexionó sobre el sentido del acompañamiento en situaciones límite. “Muchos llegan en un estado de desesperanza”, señaló, y explicó que su tarea consiste en brindar contención y ayudar a resignificar el sufrimiento: “El trabajo nuestro específicamente es hacer que esa persona comprenda el valor del sufrimiento humano”.

En esa línea, sostuvo que uno de los primeros mensajes que intentan transmitir es que nadie atraviesa esas situaciones en soledad. “Primero, que no está solo”, afirmó, y agregó: “El ser humano fue creado para ser social, no hay que vivir solo”.

El trabajo de las hermanas también se extiende a personas de diferentes credos o incluso sin creencias religiosas. Según explicó, la asistencia no excluye a nadie y se adapta a cada realidad. Otro de los aspectos destacados fue la referencia a San José Moscati, patrono de la comunidad. Se trata de un médico que logró integrar su vocación profesional con una profunda vida espiritual. “San José Moscati fue un médico muy joven que supo unir religión y ciencia”, explicó.

Finalmente, la madre superiora destacó la importancia del trabajo conjunto con el personal del hospital y la comunidad. “No hacemos el trabajo solo”, subrayó, y agradeció el acompañamiento constante. “Cuando uno abre una puerta, ve una inmensidad de cosas que pasan y que a veces pasan desapercibidas”, reflexionó, sintetizando el espíritu de una tarea que impacta diariamente en la vida de cientos de personas.