Nicolás Piazza, especialista en economía política y miembro del Centro de Estudios de Relaciones Internacionales de la UNCuyo, analizó el impacto del histórico pacto comercial entre ambos bloques. En una entrevista profunda, el referente de ProMendoza explicó cómo este acuerdo abrirá un mercado de 700 millones de personas y por qué representa una oportunidad de oro para la agroindustria mendocina, a pesar de los desafíos logísticos y las tensiones políticas internas.
Un mercado de 700 millones de personas
El acuerdo busca crear el área de libre comercio más grande del planeta, integrando a los 27 países de la Unión Europea con los 4 del Mercosur. Tras décadas de negociaciones, el pacto entra en una fase decisiva de ratificación. «Es uno de los acuerdos que más tiempo se tardó en negociar por sus complejidades. No solo abarca bienes y servicios, sino también innovaciones geográficas, compras públicas y medio ambiente. En un horizonte de un año o año y medio veremos su puesta en vigencia. Para Argentina, significa pasar de comerciar sin aranceles con el 9% del PBI global al 34%. Es un salto exponencial que nos obligará a actualizarnos en políticas de calidad, control industrial y procesos», explicó Piazza a FM Vos 94.5.
El impacto en Mendoza: nivelar la cancha
Para la economía regional mendocina, el acuerdo no es solo una cuestión de volumen, sino de competitividad directa frente a vecinos que ya cuentan con estas ventajas. «Mendoza estaría entre las provincias más beneficiadas. El acuerdo nivelará el acceso al mercado europeo con competidores como Chile, donde hoy tenemos la cancha desnivelada por los aranceles. Desde ProMendoza estamos armando misiones comerciales a destinos como España, que es un mercado de crecimiento para nosotros», dijo el economista.
«No hablamos solo de vino; se negociaron más de mil productos. Priorizamos unos 20 agroindustriales con políticas de salvaguarda para que nuestra industria tenga tiempo de reconvertirse ante la competencia», añadió.
Desafíos: Subsidios europeos y logística local
Dentro de ese marco, Piazza no ignoró los puntos de fricción, especialmente el histórico proteccionismo agrícola europeo y las deficiencias de infraestructura en el Cono Sur. «El principal obstáculo fue el tema agrícola. Europa busca sobreproteger su sector con una enorme cantidad de subsidios; si nosotros tuviéramos el 50% de ese apoyo, el Mercosur sería imbatible. Por otro lado, la logística en Europa es fácil: una vez que se ingresa por Amberes o Rotterdam, hay libre circulación. Al inverso de lo que nos pasa a nosotros, que dependemos mucho del camión y no tenemos libre circulación de bienes aún. El Mercosur tuvo que ‘ponerse las pilas’ para elevar sus estándares regulatorios y estar a tono con lo que exige la Unión Europea», aseguró el entrevistado.

El futuro del vino y la diversificación
En un contexto de caída del consumo internacional y problemas arancelarios con Estados Unidos, el especialista ve en este pacto una herramienta de saneamiento. «El año pasado fue de caída en las exportaciones de vino, influenciado por el ‘Inflation Reduction Act’ de Estados Unidos que frizó el comercio. Sin embargo, hay interés genuino: en octubre trajimos 83 compradores internacionales y el 60% solo conocía el Malbec. Hay mucho trabajo por hacer para mostrar nuevas variedades. Este acuerdo nos permitirá llegar con precios más competitivos a mercados donde hoy tenemos poca representación, como Polonia o el Este de Europa», expuso.
Diplomacia presidencial y consensos
A pesar de las diferencias ideológicas actuales entre las gestiones de Argentina y Brasil, Piazza recordó que este es un proceso de Estado que ha atravesado todos los colores políticos desde los años 90. «Estos procesos no los dicta un solo gobierno; empezaron con Menem, siguieron con De la Rúa, los Kirchner, Macri y Alberto Fernández. Es una política de largo aliento. Aunque hoy existan visiones distintas entre los presidentes, el trabajo en las cancillerías continuó siempre», enfatizó.
«La Unión Europea tiene una institucionalidad que le permite avanzar incluso con oposiciones internas; nosotros en el Mercosur dependemos más del consenso. Pero el salto cualitativo en estándares de calidad y medio ambiente que este pacto exige será un motor de cambio para nuestra industria», destacó Piazza al cierre de la charla.
El Acuerdo Mercosur-UE se perfila como el eje de la política exterior argentina para 2026, prometiendo transformar no solo el comercio externo, sino también los estándares de producción interna.







