Advierten un aumento de casos de trastornos alimentarios en jóvenes de Mendoza

La pandemia de coronavirus y el aislamiento social siguen generando coletazos en la salud de los niños y adolescentes. La Sociedad Argentina de Pediatría alertó que aumentaron en el país las patologías vinculadas a trastornos de la conducta alimentaria en jóvenes, entre las que se destacan la anorexia y la bulimia nerviosa, como consecuencia del incremento de los niveles de ansiedad y frustración.

Mendoza no es ajena a esta realidad y, según advirtió la pediatra Ana Houdek de la SAP filial Mendoza, las consultas sobre estas problemáticas son recurrentes en los consultorios médicos y se evidencia no sólo en chicas que presentan la negativa por mantener un peso mínimo normal, si no también en el sobrepeso de los niños a causa del sedentarismo y la mala alimentación.

Los trastornos de alimentación y del acto de alimentarse se caracterizan por una alteración persistente de la alimentación o del comportamiento a la hora de comer que se traduce en el consumo o la absorción alterada de los alimentos que entorpece seriamente la salud física y el funcionamiento psicosocial.

“Son muchos los factores que llevan al incremento de los trastornos: el aislamiento social, la depresión, que los chicos se acuesten más tarde, duerman menos y que no se junten con sus pares”, afirmó la pediatra.

Por su parte, la neuropsicóloga Cecilia Ortiz sostuvo que los niveles de frustración crecieron por el cimbronazo que se dio en su escolarización, primero con la suspensión de la presencialidad y luego, con el sistema bimodal que cambió sus rutinas.

“Para muchos chicos la escuela es una vía de escape y de rutinas. El hecho de que estas últimas se hayan roto, de cursar en la casa, muchos chicos perdieron el orden y esta ansiedad hace que eclosionen por el lado de la alimentación”, consideró.

A su vez, indicó que actualmente los chicos pasan muchas horas al frente de una pantalla y que las redes sociales juegan un rol tirano con influencers que hacen gala de sus cuerpos y de sus vidas felices, muy distantes a lo que es el mundo real.

Si bien no hay estadísticas oficiales que puedan documentar pormenorizadamente esta tendencia, “distintas encuestas autoadministradas en las escuelas arrojan una prevalencia de patologías como bulimia nerviosa (BN) y/o anorexia nerviosa (AN) en casi 1 de cada 3 mujeres jóvenes de las que presentan algún grado de disconfort previo en su imagen corporal, que impacta en sus conductas referidas a la alimentación”, indicó el SAP a través de un comunicado.

 

Aparece la preferencia alimenticia

 

La anorexia nerviosa se caracteriza por la restricción de la ingesta de alimentos que produce bajo peso para la edad, sexo, desarrollo y salud física.

La persona tiene miedo intenso a ganar peso y hace todo lo posible para que esto no se produzca. Existe, como consecuencia, una alteración de la imagen corporal.

La bulimia nerviosa, en tanto, se distingue por episodios recurrentes de atracones y conductas compensatorias posteriores para evitar el aumento de peso como vómitos autoinducidos, uso de laxantes y ejercicio excesivos.

“Sumado a estas problemáticas, lo que se está viendo mucho también es lo que se llama preferencia alimenticia. Hubo un estallido del vegetarianismo y de la alimentación sana, pero no es lo mismo que tener una alimentación equilibrada y la que los chicos necesitan de acuerdo a su edad”, dijo Ortiz.

Y apuntó contra los influencers: “Ellos dicen qué hay que hacer y te muestran lo que desayunan, que muchas veces no es lo mejor”.

De esta forma, los adolescentes si bien no dejan de comer, sí tienen inclinación por seleccionar determinados tipos de alimentos en detrimento de otros teniendo una dieta desbalanceada y sin supervisión médica.

En contraposición, durante la pandemia también crecieron los casos de sobrepeso y la obesidad, sobre todo en los niños.

Houdek detalló que las largas horas frente a una pantalla, la falta de actividad física y que muchos niños abandonaran sus clases de danza o deportes extraescolares por miedo al contagio de coronavirus impactaron fuertemente en su salud.

“Hay que tener en cuenta que la obesidad es un factor de riesgo para el COVID 19 y que hay chicos que han aumentado de un año a otro entre 5 y 10 kilos, con una suba del colesterol, la glucemia y los triglicéridos, entre otros”, dijo la pediatra.

Señales de alerta 

 

Las especialistas sostuvieron que hay signos que permitirán a los adultos identificar que están en presencia de un caso de  trastorno alimentario:

  • El eje de su vida tiende hacer el cuerpo con una sobreocupación por la apariencia personal.
  • Creencia de que las personas flacas tienen más éxito
  • Marcado descenso de peso
  • Al terminar de comer se encierra en el baño
  • Conductas purgativas con el consumo de tés diuréticos
  • Pasa largas horas en el gimnasio
  • Enorme ingesta de agua para reemplazar algunas comidas
  • Negativa para comer o alimentación insuficiente
  • Atracones de comida
  • Largas horas jugando juegos en línea, sin respetar las horas de sueño

“Para ayudarlos lejos de prohibirles hay que guiarlos sobre su alimentación. Llevarlo a especialistas: nutricionista, médicos y psicólogos. Además hay que cuidar nuestros discursos e indicarles que el éxito no pasa por la apariencia”, concluyó la neuropsicóloga.

 

Fuente: El Sol