Agro argentino: un motor económico con potencial freno por las cargas impositivas y burocráticas

El sector agropecuario argentino, reconocido como un pilar fundamental de la economía por la generación de divisas y empleo, enfrenta un futuro complejo debido a las cargas impositivas y burocráticas que frenan su potencial.
En diálogo con FM Vos 94.5, Antonella Semadeni, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), analizó el cuadro de situación.
Al principio del reportaje, Semadeni destacó el impacto transversal y positivo del agro en toda la economía. «Seis de cada diez dólares de las exportaciones del país provienen de la agroindustria, constituyendo el mayor sector con aporte neto de divisas, con un superávit cercano a los 40.000 millones de dólares, muy por encima de otros rubros como minería y energía. Además, la agroindustria representa uno de cada cuatro pesos del Producto Bruto Interno (PBI) anual, y su aporte positivo en 2024 evitó que la caída de la actividad económica fuera del 3,5%, limitándola a un 1,5%. En términos de recaudación tributaria, el 20% de los ingresos nacionales provienen del agro, y en empleo formal privado, uno de cada cuatro trabajadores (23%) se desempeña en la agroindustria», sostuvo la economista. «Estos son efectos muy acotados al lado del potencial productivo que tiene el sector, que se ve frenado por la cuestión impositiva, principalmente las retenciones y la burocracia, costos laborales, de infraestructura y de logística. Si estos aspectos se mejoraran, el impacto podría ser aún mayor», aseguró.
Cosecha gruesa a la baja
y precios internacionales deprimidos
En el panorama actual, Argentina se encuentra en plena cosecha gruesa, pero se espera una menor producción este año. «La campaña pasada alcanzó 125 millones de toneladas, mientras que para la actual se proyecta un 5% menos, es decir, 119 millones de toneladas, principalmente de soja, trigo, maíz y girasol. Esta disminución se explica por una menor participación del maíz», señaló.
«Además, los precios internacionales lucen bastante deprimidos. Superada la etapa más difícil del COVID-19 y con una menor tensión en la guerra Rusia-Ucrania (aunque el riesgo geopolítico siempre está latente), se observan precios más bajos que se mantendrían en el mediano plazo debido a la oferta global de granos. Esto, sumado a la menor producción, tendrá un impacto en el valor en dólares y en las exportaciones del país», opinó.
Economías regionales:
diversidad y resiliencia
Semadeni abordó la situación de las economías regionales, a menudo relegadas frente al protagonismo de los grandes complejos exportadores de soja, maíz y trigo. Subrayó que las cadenas agroindustriales abarcan cerca de 30 rubros, incluyendo arroz, carne bovina, lácteos, legumbres, limón, manzanas, sector ovino, peras, pesquero, té, uva y yerba, entre otros. «Cada uno de estos eslabones tiene una concentración de origen específica en distintas zonas del país, como el Nordeste argentino para el arroz, la Pampa para el sector avícola o la Patagonia para el pesquero», comentó.
En ese sentido, destacó el gran número de productos argentinos que se ubican en los rankings mundiales de exportación: séptimo lugar el té y sector ovino, sexto en forestal, quinto en lácteos y segundo en maní. «Esto se traduce en una gran participación en el mercado mundial, con Argentina proveyendo, por ejemplo, el 20% de la producción mundial de maní y más del 30% del limón», destacó.
El impacto macroeconómico: retenciones y búsqueda de competitividad
En el contexto macroeconómico actual, Semadeni repasó algunas medidas del gobierno de Javier Milei que impactan al sector agropecuario. Valoró la eliminación de las restricciones comerciales (como los volúmenes de equilibrio), la apertura gradual de mercados y la desregulación y simplificación de trámites burocráticos en los procesos productivos. También mencionó la eliminación o reducción de retenciones a las cadenas cárnicas, lácteas y economías regionales, y bajas temporales para el resto de la cosecha.
Sin embargo, la principal demanda del sector sigue siendo la eliminación de las retenciones. «El campo paga todos los impuestos como cualquier sector económico de la Argentina, pero además se le suman las retenciones. Esta cuestión le impide competir en igualdad de condiciones con otros países. Argentina creció un 80% en los últimos 20 años, mientras Brasil lo hizo más de un 200%, en gran parte debido a las retenciones», ejemplificó.
Respecto al tipo de cambio, la economista fue clara. «Sin un plan de reducción de costos impositivos, laborales, burocráticos, ni un plan de infraestructura y logística, no hay dólar que alcance. Históricamente, Argentina ha buscado ganar competitividad a través de la devaluación, pero esto genera un ciclo vicioso en el que la devaluación genera más inflación», examinó.
«Por ello, el desafío actual es lograr esa competitividad y productividad mediante la baja de costos internos, lo que requiere un avance a tiempo antes de que el tipo de cambio y las retenciones perjudiquen aún más al sector», planteó al cierre de la entrevista.