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Agustín Nimis, sobreviviente del Belgrano: «Estábamos navegando 50 millas fuera de la zona de exclusión que ellos mismos habían determinado»

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En FM vos (94.5) y Diario San Rafael estamos esta semana recabando testimonios de veteranos de guerra. A cuarenta años del intento de recuperación de las islas por parte de nuestro país; esta vez entrevistamos al sanrafaelino Agustín Alberto Nimis, sobreviviente del crucero ARA General Belgrano.
“La guerra nunca es algo bueno, para nadie, pero en mi caso era mi trabajo porque yo era suboficial de la Armada Argentina. Soy sanrafaelino, nací en la calle Beltrán al 742, y a los 19 años decidí incorporarme a la Escuela de Mecánica de la Armada. Una vez recibido fui teniendo distintos destinos, hasta que llegué al crucero General Belgrano. Mi función allí fue la de mi especialidad, ya que soy electrónico en sistemas de armas, y a nuestra especialidad se le llama control tiro, o sea sistemas de control de radares, misiles y todo lo que sea electrónica en los sistemas de armas. Hay una especialidad que se llama armas submarinas, y son los que disparan los torpedos, lo mío era con misiles. Mi trabajo era hacer que el misil pegue donde tiene que pegar”, explicó.
Como a casi todos los integrantes de las fuerzas armadas, a Nimis le tocó enterarse de la recuperación de las islas el mismo 2 de abril. “A fines de marzo la flota de la armada salió al mar como para efectuar misiones de rutina, pero nos llamó la atención que íbamos con mucho armamento y pertrechos, aunque no sospechábamos nada de Malvinas. El secreto militar es fundamental para concretar misiones y esto fue así; y fíjese que tan importante es esto, que la gente que participó de la primer toma de Malvinas se enteró en el camino».
«El crucero General Belgrano estaba en la base de puerto General Belgrano haciendo mantenimiento, ya que todas las unidades navales tienen, cada determinado tiempo, que someterse a un mantenimiento profundo. Estábamos en eso, por lo que zarpamos recién el 16 de abril. Era un barco grande, que superaba los 170 metros de eslora y les puedo decir que nunca (estuve destinado en varias unidades) me sentí tan seguro como en ese barco; si hubiésemos navegado en un navío más débil, estoy seguro de que nadie salía vivo después de recibir los torpedos que nos hundieron; con esto quiero destacar la magnitud del ARA General Belgrano. El ataque lo recibimos del submarino de propulsión atómica Conqueror, que suponemos venía navegando por horas detrás de nuestra estela hasta que recibió la orden de atacar. Estábamos navegando 50 millas fuera de la zona de exclusión que ellos mismos habían determinado, por lo que, dentro de la inquietud lógica, teníamos cierta tranquilidad. El ataque demuestra que el fin justifica los medios. Un crucero del calado del Belgrano siempre tiene que ir acompañado por dos buques menores, dos destructores, que maniobran mucho más ágilmente. A nosotros nos dispararon dos torpedos, uno impactó en la proa, y el otro en la sala de máquinas, cerca de la popa. Un tercer torpedo rozó a uno de los destructores, pero no explotó; eso sí, le dobló el eje de la hélice y en un mar que en ese momento tenía olas de siete metros, no pudo maniobrar para el rescate de las balsas. Hacía mucho frío, y a la hora del ataque, las cuatro de la tarde, ya el día estaba en penumbras. Las noches a esa altura del año se hacen eternas en esa latitud. Lo más difícil de una situación como la que vivimos es la sensación de desamparo; ustedes saben que ante el peligro y la soledad las personas reaccionan de manera diferente, depende de la personalidad de cada uno. No hay personas mejores ni peores, todos somos como somos. Algunos son más optimistas, otros tienen fe, otros como en mi caso ya que soy creyente, se aferran a Dios, y a otros les pasa que se angustian mucho”.

No se imaginan ustedes lo difícil que es para el Comandante del barco tomar la decisión de abandonar el barco.


El sanrafaelino Agustín Alberto Nimis nos narró el momento de los impactos: “yo en ese momento estaba dejando mi guardia; cuando se navega en esa situación a la dotación del barco se la divide en tres grupos, que hacen cuatro horas de guardia por ocho de descanso. Bajaba desde mi puesto de trabajo, que está en la parte alta del barco, y sentí el impacto. El torpedo impacta debajo de la línea de flotación, debajo del agua, por lo tanto, no genera una gran onda expansiva. El ruido es diferente al misil, que viene desde el aire. El torpedo que pegó en popa, al ser la sala de máquina un compartimiento grande, además de los destrozos que causó por sí mismo, hizo que entrara mucha agua al barco. Por eso se hundió de popa primero. No se imaginan ustedes lo difícil que es para el Comandante del barco tomar la decisión de abandonar el barco. Es el responsable de toda la tripulación, y estábamos embarcadas 1.090 personas. Estar en la piel de ese hombre en ese momento fue tremendo, porque al inicio no sabía si el buque se hundiría. Si de entrada nos ordenaba abandonar el barco, con la situación de mar que había, nos estaba mandado a la buena de Dios. Finalmente tuvo que dar la orden; yo me tiré a la balsa y caí en el agua, que es tremendamente fría; habrían pasado unos treinta y cinco minutos desde los impactos, porque a los cincuenta el crucero terminó de desaparecer bajo las aguas. Antes de subir a las balsas, con un compañero fuimos hasta la sala de maquinas a ver si podíamos ayudar en algo. No se veía nada y estábamos en medio del petróleo de los tanques de combustible. Sentí algo que me tocaba las piernas y eran cuerpos de compañeros muertos en el acto, flotando en el petróleo. Nos volvimos de inmediato porque no había nada que hacer. La última imagen que tuve del momento fue el del hundimiento…es como que perdés la casa…” contó emocionado.
“Tenía asignada la balsa número cuarenta y tres, eso se sabe desde el primer momento en que se aborda el buque, y uno tienen que conocer de memoria el recorrido que hay desde su puesto habitual de descanso o trabajo hasta la balsa. Estuve 46 horas con la balsa en el agua, hasta que nos rescataron” cerró la entrevista este héroe local.

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