Ahora, la clave es la gobernabilidad

Más allá de las declaraciones de ocasión de los protagonistas de la justa electoral, el resultado de las PASO del domingo parece ser concluyente: salvo alguna circunstancia excepcional e inesperada, Alberto Fernández se encamina a ser Presidente de la Nación a partir del 10 de diciembre próximo y durante los próximos cuatro años.
Tal como analizábamos el domingo en este mismo espacio, si bien la elección de ese día se realizó con el objetivo de determinar quiénes serán los candidatos que en las generales de octubre pugnarán por conducir el país en el período 2019-2023, los números que arrojaron las urnas fueron un claro mensaje ciudadano. Incluso más extremo de lo que propios y extraños imaginaban.
El inesperado –por lo abultado– resultado del domingo depara, además del misterio acerca de cuáles serán las estrategias a utilizar por unos y otros con vistas a las elecciones generales de octubre, una trascendental prueba para quienes hoy ocupan los lugares de oficialismo y oposición a nivel nacional: la gobernabilidad del país.
Ya sea de parte de quienes el domingo resultaron preferidos por la voluntad popular como de quienes hoy por hoy tienen a su cargo conducir los destinos de la Nación desde el Gobierno, los gestos y las acciones en pos de que diciembre llegue con la mayor tranquilidad política, económica y social posibles serán también una muestra de lo preparado que estaban y están para ocupar los puestos dirigenciales del país y de si el siempre declamado compromiso con el país es verdad o, simplemente, un infame recurso discursivo.
En esta inteligencia consensual, al actual oficialismo le tocará seguir intentando dominar la crisis que atraviesa el país y no soltar el timón. A la oposición le corresponde –y no le queda otra si es que pretende gobernar a partir de diciembre– acompañar de la mejor manera posible a quienes hoy gobiernan puesto que, de lo contrario, el país se tornará inviable, para unos, para otros y para todos.