La situación epidemiológica actual en Argentina presenta un nivel de alarma considerable debido a una caída muy importante en las coberturas de vacunas, según el reciente informe de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y el Ministerio de Salud. La Dra. Marianela Borra, infectóloga pediatra y secretaria del Comité de Infectología de la SAP, explicó la dimensión del problema que amenaza con descontrolar enfermedades que se consideraban erradicadas.
En diálogo con FM Vos 94.5, indicó que el riesgo se ha materializado en el resurgimiento de enfermedades de alto contagio, citando casos concretos de los últimos meses. «La importante caída en las coberturas de vacunación genera el riesgo inminente de perder el control sobre enfermedades que ya se consideraban contenidas, provocando la reaparición de patologías que creíamos erradicadas», expuso Borra al inicio de la nota.
La evidencia más preocupante es el brote de tos convulsa. «Actualmente el brote de coqueluche, o tos convulsa, ya tiene casos en 19 de las 23 provincias y lamentablemente tenemos 6 fallecidos, todos niños muy chiquitos. Esto es un índice certero de que las bajas coberturas están haciendo que se produzcan estos rebrotes de enfermedades que teníamos controladas. Esto también pasó los primeros meses del año con el sarampión», alertó.
Las fallas en la inmunidad colectiva
Las coberturas ideales deberían situarse por encima del 95% para garantizar la inmunidad colectiva. La realidad, sin embargo, muestra que el problema es más marcado en ciertos grupos etarios. «Si bien en los niños menores de un año las coberturas son más altas, después de ese periodo observamos una caída más pronunciada. Las coberturas están bajas sobre todo en los mayores de un año, adolescentes y, crucialmente, embarazadas», enfatizó la doctora.
La infectóloga enfatizó sobre la importancia estratégica de vacunar a las gestantes como un mecanismo esencial de protección temprana. «La vacunación en embarazadas es una estrategia muy importante porque logramos lo que se llama ‘protección en capullo’: generamos defensas que pasan al recién nacido, protegiéndolo de enfermedades como la tos convulsa, que tiene mayor gravedad en los menores de un mes», destacó.

Baja percepción de riesgo y desconfianza
Respecto a las causas de esta disminución, la Dra. Borra señaló que se trata de una responsabilidad compartida entre las familias y el equipo de salud. «Hay varios factores, es una responsabilidad compartida. Por un lado, notamos una baja percepción de riesgo, ya que al ser enfermedades que hace mucho no se veían, la gente piensa que ya no es necesario vacunar. Por otro lado, hay una desconfianza mayor en las vacunas, algo que se intensificó después de la pandemia», señaló.
La profesional hizo hincapié en la calidad y seguridad de las dosis incluidas en el plan oficial. «Las vacunas de nuestro calendario, que es uno de los más completos de América Latina, son muy seguras y eficaces. Debemos tomarnos el tiempo, desde los profesionales de salud, para generar nuevamente esa confianza en la población y, además, reforzar las estrategias de salud pública para que la vacuna sea accesible y disponible para todas las familias», expresó.
Consecuencias inmediatas y datos alarmantes
Las consecuencias de no alcanzar el 95% de cobertura se reflejan en el riesgo de brotes masivos. «Si en una población de cien personas tenemos a 95 vacunadas, estas van a proteger al resto de que la enfermedad ingrese. Pero si solo tenemos 50 o 70, el riesgo de que la enfermedad reingrese es mucho mayor. Las consecuencias, como decía, ya las estamos viendo», declaró la infectóloga pediatra.
El informe de la SAP revela una caída histórica en los indicadores. Un caso paradigmático es el de la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y paperas) aplicada a los cinco años, cuya cobertura cayó al 46% en 2024, frente al 90% registrado entre 2015 y 2019. Esta disminución de más de cuarenta y cuatro puntos porcentuales en menos de una década representa un riesgo serio de reaparición de sarampión y rubéola en el país.
La situación es similar con otras vacunas fundamentales. El refuerzo contra la poliomielitis a los cinco años descendió del 88% al 47% en el mismo periodo, mientras que la triple bacteriana celular, también administrada a esa edad, pasó del 88% a apenas 46%.
Ante este cuadro de situación y la difusión de mensajes contrarios a la vacunación en redes sociales, la doctora instó a la población a contrastar la información. «Sabemos que hay grupos antivacunas y que las redes sociales difunden mucha desinformación. Lo importante es que las familias se acerquen a su profesional de confianza para buscar juntos la base científica que sustenta las vacunas de calendario. Hay que volver a confiar, pues siempre será más certero lo que nos puede decir nuestro médico de familia que lo que se lee en internet», concluyó.







