Alemania: Nació con medio corazón y los médicos lo salvaron

Médicos del Centro de Cardiología de Múnich, lograron salvar la vida de un bebé que nació con medio corazón gracias a una técnica única en el mundo, consistente en crear con dos catéteres una conexión entre el maltrecho órgano vital del pequeño -del tamaño de una nuez- y sus pulmones.

El resultado de la intervención, que se llevó a cabo meses atrás, se ha dado a conocer ahora, en un momento en el que el bebé tiene ya nueve meses y lleva una vida prácticamente normal a pesar de contar tan sólo con medio corazón. Probar esta técnica revolucionaria era la única esperanza a la que se podía aferrar el recién nacido, a quienes los médicos desaconsejaban operar porque entendían que esa sería su sentencia de muerte.

“El médico había dicho que había probado con éxito este procedimiento en cerdos y nosotros no teníamos nada que perder”, señaló la madre del pequeño Faustus Beeger, quien en dos semanas cumplirá 10 meses. “Le va bien”, recalcó la madre recordando el shock que vivió cuando durante el embarazo le diagnosticaron problemas cardíacos a su futuro bebé. Los padres de Faustus envían los datos de saturación de oxígeno sanguínea a través de una aplicación y cada dos semanas acuden a una revisión a la unidad de Cardiología Pediátrica de la Universidad de Dresde, en el este de Alemania. Todos coinciden en que el hecho de que Faustus viva es un milagro.

Los cardiólogos pediátricos, con el catedrático Peter Ewert, director del hospital, al frente, celebran el resultado de su trabajo y se muestran muy optimistas en relación a la evolución del pequeño. “Creemos que tiene un futuro más que digno por delante”, indicó Ewert convencido de que Faustus tendrá la posibilidad de llevar una vida bastante normal, de jugar, divertirse e ir a la escuela.

Faustus Beeger nació el 27 de octubre de 2017 en la fecha de gestación esperada -40 semanas- con peso y altura normales pero con un solo ventrículo funcionando y una sola aurícula. “Mentalmente ya nos habíamos despedido de él”, contó su mamá, Fanny, una docente de 29 años. El milagro fue posible.