El comienzo de la primavera, las variaciones de temperatura y los días de viento pueden intensificar las molestias respiratorias. Reconocer los síntomas de alarma ayuda a consultar a tiempo y a reservar las guardias para las urgencias.
En San Rafael, la llegada de la primavera coincide con jornadas de temperaturas cambiantes y fuertes vientos. El polvo y el polen que circulan en el aire pueden agravar la rinitis alérgica y el asma en personas susceptibles. A la vez, siguen presentándose cuadros respiratorios infecciosos, como resfríos y gripe. Aunque algunos síntomas se parecen, sus causas son distintas: el viento o el cambio de temperatura no producen influenza, que es una infección viral.
Los estornudos repetidos, la picazón de nariz u ojos, el lagrimeo y la secreción nasal suelen orientar hacia una alergia, especialmente si aparecen tras la exposición al aire libre. En cambio, la gripe puede comenzar de manera brusca con fiebre, decaimiento, dolor muscular, tos y dolor de garganta. La distinción no siempre puede hacerse en casa y, si los síntomas persisten o empeoran, corresponde una evaluación médica.
Para reducir las molestias en los días ventosos, conviene limitar la exposición al polvo y al polen cuando sea posible, mantener una buena hidratación y seguir el tratamiento habitual si ya fue indicado por un profesional. Para prevenir contagios respiratorios, las medidas básicas siguen siendo lavarse las manos, ventilar los ambientes, cubrirse con el pliegue del codo al toser o estornudar y quedarse en casa cuando se está enfermo. Los antibióticos no deben tomarse por cuenta propia: solo un profesional puede indicar si son necesarios.
¿Cuándo consultar?
Una consulta programada en un centro de salud o con el médico de cabecera es una opción para síntomas leves que persisten, se repiten o dificultan las actividades habituales. También conviene consultar sin demora si la persona tiene una enfermedad respiratoria previa, pertenece a un grupo de riesgo o el cuadro empeora.
La guardia es necesaria ante dificultad para respirar o un deterioro marcado del estado general. En niños y niñas, hay que buscar atención urgente si respiran muy rápido, se les hunden las costillas, se les mueven las aletas de la nariz al respirar, tienen los labios azulados o presentan dificultades para alimentarse o hidratarse. Esos signos requieren atención aunque la familia crea que se trata de una alergia o de un resfrío.
Elegir el lugar de consulta según la gravedad ayuda a que las guardias, en particular las pediátricas, puedan atender con rapidez a quienes más lo necesitan. Pero la preocupación por una posible saturación nunca debe retrasar la atención frente a un signo de alarma.


