La acumulación de nieve en la cordillera de los Andes, particularmente en la región de Mendoza, es considerablemente menor a la habitual para esta época del año. Así lo advirtió el investigador y experto en glaciología Pierre Pitte, quien en diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 brindó un diagnóstico preocupante sobre el estado actual de los recursos hídricos en la provincia.
“La situación en la cordillera es que ha nevado menos que otros años”, detalló Pitte, quien aclaró que la información se obtiene a partir de dos fuentes fundamentales: las estaciones distribuidas en las distintas cuencas de Mendoza y el análisis de la superficie nevada visible desde satélites. “La acumulación de nieve ya terminando julio es un poco menor que el promedio y bastante menos de lo que tuvimos el invierno pasado y el anterior, que fueron inviernos normales prácticamente”, subrayó el especialista. En este contexto, indicó que “de vuelta volvemos a esta situación de déficit que ha caracterizado gran parte de los últimos 15 años”.
Pitte recordó que históricamente la cordillera mendocina presenta una gran variabilidad en cuanto a la cantidad de nieve que recibe cada año. Sin embargo, desde el año 2010 se ha instaurado una secuencia de inviernos predominantemente secos. “Eso está un poco fuera de ese régimen natural y obviamente responde a esta tendencia de aumento de las temperaturas que se observa a nivel global, combinada con una reducción de las precipitaciones”, indicó.
A pesar del panorama, aún hay expectativas de que la situación pueda mejorar en las semanas restantes del invierno. “Indudablemente uno espera que la situación mejore”, afirmó el investigador. Y explicó que “típicamente en la cordillera entra más o menos un frente cada dos semanas”. De acuerdo a los pronósticos actuales, se anticipan algunas nevadas hacia el fin de semana y hasta el lunes o martes. “Esperamos por lo menos dos o tres nevadas más y ahí sí ya vamos a estar en condiciones de hacer una evaluación un poquito mejor de lo que podemos esperar para el verano”, señaló.
No obstante, reconoció que “para la altura que estamos, la cobertura de nieve es baja” y que esta situación ha generado preocupación en la comunidad científica y en los organismos que monitorean los recursos hídricos. “Eso es un poco lo que ha llamado la alarma y ha mostrado todas estas imágenes de cordillera con poca nieve tanto acá en la ruta 7 como más al norte en la provincia de San Juan y también en gran parte de la Patagonia”, describió. “Entonces esto no es un fenómeno exclusivamente de la provincia, sino que es un año seco para toda la cordillera”, remarcó.
En cuanto al posible impacto de esta situación sobre el abastecimiento de agua en Mendoza, el pronóstico aún no está cerrado. “Típicamente el pronóstico de caudal de la provincia, para saber la cantidad de agua que tenemos, se hace a finales de septiembre o primeros días de octubre y justamente se basa en la cantidad de nieve acumulada en la cordillera”, explicó.
El investigador anticipó que “uno espera un año con menos caudales que el promedio en casi todos los ríos de la provincia”, aunque destacó que “la situación en el sur, en el río Grande, es un poquito mejor, pero sigue estando significativamente abajo del promedio”.
La relación con el cambio climático fue otro de los ejes centrales abordados. “El cambio climático mueve dos variables claves, una es el aumento de las temperaturas”, afirmó Pitte. Ese calentamiento global está modificando la denominada isoterma cero, es decir, la altitud en la que las temperaturas están por debajo de los cero grados y, por lo tanto, favorecen la acumulación de nieve. “Esa zona se está levantando, entonces cada vez la porción donde nieva es menor y la porción donde llueve es mayor y eso hace que tengamos menos acumulación de nieve”, precisó.
Además, observó que en Mendoza esta situación se potencia porque ha habido una disminución general en la cantidad de frentes y en la intensidad de las nevadas que cada uno de ellos deja. “Ha sido menor en las últimas décadas que lo que era, por ejemplo, en la década del 80 y del 90”, señaló.
En cuanto al pronóstico para los próximos meses, Pitte fue cauto: “El pronóstico para el verano todavía es un poco temprano para hacerlo”, pero remarcó que se analizan indicadores como los del fenómeno de El Niño para anticipar el comportamiento del clima. Este año, esos indicadores marcan una fase neutra, lo que implica que podría derivar en un escenario seco o húmedo. Sin embargo, de mantenerse las condiciones actuales, estimó que “probablemente terminemos con 30-40% menos de nieve que el promedio y, en consecuencia, tengamos un verano donde haya que prestar mucha atención a lo que hacemos con el agua”.
Consultado sobre si ese porcentaje es preocupante, Pitte fue contundente: “Es un porcentaje significativo, sí, sobre todo teniendo en cuenta que cuando miramos lo que pasó en los últimos años tuvimos unos cuantos años de déficit”. Esta secuencia prolongada impacta directamente sobre el sistema hidrológico. “Hay partes como los niveles freáticos que no se recuperan tan fácil”, indicó.
Finalmente, al referirse al origen del cambio climático y su relación con la actividad humana, Pitte expresó que “esto tiene una señal antropogénica, una señal humana innegable”. En su explicación, remarcó que el aumento de los gases de efecto invernadero “empuja las temperaturas para arriba, actúa como un forzante que hace subir las temperaturas” y que esto se ha evidenciado “fenomenalmente en las últimas tres o cuatro décadas”.
Para cerrar, dejó un dato revelador: “La concentración de dióxido de carbono está ahora arriba de 400 partes por millón, que es algo que no tiene antecedentes en escala de cientos de miles de años”. Y concluyó: “Durante muchísimo tiempo esa concentración fue menor a 380 o 400 partes por millón y ahora estamos encima de esos valores, y obviamente sigue subiendo. Ese disparador está muy claro”.







