El organismo encargado de brindar datos vitales para la navegación, el agro y la prevención de desastres enfrenta una crisis institucional sin precedentes en el gobierno de Javier Milei. Natalia Bonel, meteoróloga con 15 años de servicio y delegada gremial de ATE, advirtió sobre el impacto que tendría el recorte del 30% de la planta civil en la red de 123 estaciones que cubren desde La Quiaca hasta la Antártida. «No hay criterio ni planificación, es un vaciamiento», denunció ante los micrófonos de FM Vos 94.5.
La orden de ajuste, emanada desde el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, apunta directamente contra los trabajadores bajo modalidad de contrato, quienes sostienen gran parte de la operatividad diaria del servicio. «La situación es bastante grave. Desde el Ministerio de Desregulación vinieron con la consigna de despedir gente y el número concreto que piden ahora es de 240 despidos. Esto pone realmente en jaque el funcionamiento de la institución; ya sabemos que, de concretarse, habrá estaciones meteorológicas que se cierren y otras que deban reducir la cantidad de mediciones por falta de personal», alertó Natalia Bonel al comienzo de la charla.
«Actualmente tenemos 123 estaciones de superficie en todo el país, incluyendo la Antártida, un número que ya es bajo para la extensión de nuestro territorio, y hoy nos encontramos trabajando por debajo de la planta óptima», aseguró.
Precarización laboral: 15 años bajo contrato
A pesar de la alta especialización y la responsabilidad técnica que requiere la meteorología para la seguridad del país, la mayoría de los trabajadores civiles del organismo se encuentran en una situación contractual que los deja desprotegidos frente a las nuevas políticas de ajuste.
La planta actual del Servicio Meteorológico Nacional refleja una dependencia crítica del personal no permanente. El organismo está conformado por aproximadamente 780 civiles y 150 militares, pero el dato alarmante es que más del 50% de los trabajadores civiles pertenecen a la planta transitoria. Dicha modalidad, pensada originalmente para tareas temporales, se ha convertido en la norma para especialistas que llevan décadas sosteniendo la red de mediciones.
Esta falta de estabilidad es una constante en las trayectorias de los meteorólogos argentinos. «Hace 15 años que trabajo en la institución y sigo siendo contratada de planta transitoria. Como yo, hay muchísimas personas, incluso algunas con 20 años de antigüedad», relató Bonel. Aunque entre 2021 y 2022 se realizaron concursos para el pase a planta permanente, la delegada gremial explicó que los cupos fueron tan limitados que resultaron insuficientes para regularizar a la gran mayoría del personal calificado. Asimismo, la situación se agrava al analizar el impacto salarial de quienes hoy están en la mira del recorte. «Los sueldos de los contratados son los más bajos de todo el organismo, con un promedio que ronda los 800.000 pesos», estimó la entrevistada. Por ello, y para los trabajadores, dicha cifra demuestra que la medida no persigue un alivio fiscal significativo: «No vemos esto como un ahorro o un beneficio económico real para el Estado, sino más bien como un vaciamiento de una institución científica que es fundamental para el país», apuntó la meteoróloga.

De 1.200 a 780 empleados: el achique del SMN
En otra instancia de la comunicación, Bonel contrastó la situación actual con relevamientos técnicos previos que ya advertían sobre la escasez de personal para cubrir las necesidades meteorológicas del país. «En 2019, el entonces Ministerio de Modernización realizó un estudio para evaluar si sobraba o faltaba gente. En ese momento éramos más de 1.200 empleados y el informe concluyó que estábamos por debajo de la planta óptima para operar. Hoy somos apenas 780 civiles. Si con 1.200 faltaba gente, con el número actual estamos en un punto crítico», consideró. «Lo más preocupante es que esta ola de despidos no viene acompañada de ninguna planificación o propuesta alternativa ante la gravedad de perder datos meteorológicos esenciales. No hubo ningún estudio previo esta vez, solo un pedido de reducción de planta», continuó diciendo.
Medidas de fuerza y angustia laboral
Ante la inminencia de los recortes y la falta de precisiones sobre el futuro de los puestos de trabajo, el clima dentro del Servicio Meteorológico Nacional se ha transformado en uno de tensión y movilización constante en cada punto de observación del país.
La respuesta gremial no se ha hecho esperar, estableciéndose un estado de asamblea que afecta la operatividad normal. «En la sede central estamos con cese de tareas y en asamblea permanente, mientras que en las estaciones de todo el país rige el estado de alerta. Si esta situación avanza sin respuestas, se plantearía un cese total de actividades a nivel nacional», advirtió Natalia Bonel. Sin duda alguna, este conflicto pone en vilo el flujo de información meteorológica, esencial para la seguridad civil y aeronáutica. A su vez, este escenario se ve agravado por la incertidumbre en los plazos de ejecución del ajuste. Según relatan los trabajadores, la falta de comunicaciones oficiales directas ha generado un ambiente de zozobra. «Primero dijeron que los telegramas llegarían en abril, después que sería por tandas en mayo. Aunque todavía no hay nada oficial, los directores de la institución han sostenido en las reuniones que los despidos se van a realizar efectivamente», explicó la delegada. Por otra parte, la preocupación radica en el daño estructural a la red de datos soberana. El recorte no solo impactaría en las estaciones de superficie distribuidas en el territorio, sino que alcanzaría a las oficinas de pronóstico situadas en aeropuertos neurálgicos como Aeroparque, Ezeiza y Córdoba. Sin el personal técnico adecuado en estos puntos clave, la capacidad de emitir alertas tempranas y brindar servicios de navegación segura quedaría seriamente comprometida.
La importancia de los datos en tiempo real
Para la experta, el impacto de estos despidos se sentirá en la calidad de la información que la ciudadanía recibe hora tras hora, fundamental para la toma de decisiones diarias y la seguridad pública. «Es minuto a minuto y la angustia es mucha. El Servicio Meteorológico Nacional pertenece al Ministerio de Defensa, y ellos están en conversaciones con Desregulación, pero el pedido de recorte es firme. Nosotros pedimos este espacio para hablar de un problema que nos preocupa a todos: sin observadores, sin pronosticadores y sin técnicos, la red de 123 estaciones que cuida nuestro cielo y nuestro clima simplemente no puede sostenerse. Estamos defendiendo no solo nuestros puestos de trabajo, sino una institución científica soberana», sentenció al finalizar la conversación.







