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Alianza público-privada en acción: cómo el nuevo Clúster Olivícola busca blindar al productor y fomentar exportaciones

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Mendoza, que supo ser el faro de la producción olivícola en Argentina, hoy ocupa el cuarto lugar en el ranking nacional tras años de retracción. Frente a este diagnóstico, se pondrá en marcha el Clúster Olivícola de Mendoza, una alianza público-privada que busca recuperar terreno mediante un plan estratégico integral. Mario Bustos Carra, Gerente General de la Cámara de Comercio Exterior de Cuyo (CCECuyo) y referente del sector, analiza los desafíos de competir en un mercado global abierto, la presión tributaria que asfixia a la agroindustria y la necesidad de que el Estado equilibre la «cancha» para enfrentar a potencias subsidiadas. En diálogo con FM Vos 94.5, el dirigente advirtió que, sin una base sólida de competitividad, los acuerdos internacionales podrían transformarse en una amenaza.

El proyecto sobre la concreción del clúster marca un punto de inflexión para una industria que es la segunda fuerza agroalimenticia de la provincia, detrás de la vitivinicultura. «Mendoza pasó de ser la principal productora de Argentina a ocupar el cuarto puesto. Se ha perdido muchísima superficie cultivada debido a errores en las políticas económicas de los últimos 20 años. El clúster es la suma de voluntades de instituciones como el INTA, la UNCuyo, ProMendoza y el gobierno provincial para diseñar un plan estratégico que devuelva a nuestra olivicultura al lugar que debe tener», expuso Bustos Carra al inicio de la nota.

«El desafío es enorme. Tenemos que fortalecer la generación de divisas y puestos de trabajo en un escenario de apertura económica donde no pedimos subvenciones, pero sí condiciones de competitividad», continuó planteando.

El desafío de la apertura y la «cancha equilibrada»

En otro tramo de la charla, el dirigente sostuvo que, si bien el sector privado celebra la apertura y la libertad de comercio, el Estado nacional debe resolver de manera urgente las asimetrías internas para evitar que la competencia se vuelva desleal para los productores locales. Uno de los mayores obstáculos para la agroindustria es la presión tributaria y laboral que arrastra el país.

«Argentina es uno de los países con mayor carga impositiva del mundo. Para competir, necesitamos una cancha equilibrada; el gobierno debe entender que se requieren retoques en las leyes laborales y una reducción de impuestos para que el industrial pueda negociar con el mundo en igualdad de condiciones», explicó el Gerente de la CCECuyo. En ese mismo sentido, subrayó que, tras años de desbarajuste inflacionario, hoy es vital contar con leyes claras que permitan al empresario planificar sin ser asfixiado por el fisco.

Asimismo, el referente analizó los riesgos y oportunidades de la competencia con Europa en el marco del acuerdo Mercosur-Unión Europea. «Ese tratado traerá productos europeos que cuentan con altos niveles de subsidio en su origen. Si detectamos situaciones de competencia desleal, recurriremos a la Organización Mundial del Comercio (OMC)», advirtió. Más adelante, enfatizó que existen cláusulas de salvaguardia diseñadas para activarse ante amenazas de daño para la industria local, pero recalcó que la mejor defensa es una política económica interna que se ajuste a la realidad del empresario argentino.

Mercados y competencia del aceite de oliva mendocino

Brasil sigue siendo el destino principal, pero el sector mira con atención las oportunidades en Estados Unidos, México y los acuerdos con Japón. «Nuestro principal mercado sigue siendo Brasil, pero hemos diversificado hacia Estados Unidos y Latinoamérica. Ahora, con la puesta en práctica provisoria de acuerdos internacionales a partir de mayo, debemos ser cautos. Son procesos perfectibles donde lo que hoy nos preocupa puede resolverse administrativamente», consideró el referente del sector.

«En cuanto a la cadena productiva, es cierto que el productor primario suele ser el eslabón más débil, el que paga los platos rotos con precios bajos mientras el consumidor paga caro. El objetivo del clúster olivícola es justamente que se produzca un ‘derrame’: que el pequeño productor sea escuchado, interpretado y ayudado a mejorar su rentabilidad», destacó.

Brasil sigue siendo el destino principal para la industria olivícola, pero el sector mira con atención las oportunidades en Estados Unidos, México y los acuerdos con Japón

La asociatividad como herramienta de defensa

La Asociación Olivícola de Mendoza (ASOLMEN) trabaja para consolidar un frente común que integre desde el microemprendedor hasta la gran agroindustria, con el objetivo de unificar el reclamo sectorial y fortalecer la posición de la provincia en el mercado global. Esta estrategia se fundamenta en la diversidad de actores que componen la cadena de valor regional. «En nuestra entidad conviven desde el productor muy pequeño hasta los grandes establecimientos elaboradores. Cualquier opinión es válida cuando se defiende el fruto del trabajo y el medio de vida», subrayó Bustos Carra.

Según el Gerente de la CCECuyo, esta pluralidad es la que otorga legitimidad al Clúster: «La participación activa del gobierno de Mendoza y las universidades es vital para que las soluciones técnicas y comerciales no queden en la superficie, sino que lleguen de manera efectiva a todos los estratos productivos», remarcó.

Por otra parte, comentó que el sector mantiene una agenda de promoción ambiciosa para posicionar la calidad del aceite mendocino. «En noviembre tendremos una feria de alimentos muy importante en La Rural, en colaboración con la Feria Alimentaria de Barcelona. Hay un esfuerzo privado fenomenal por estar a la altura de las circunstancias, incorporando tecnología e inversiones», adelantó en otro pasaje de la conversación. Sin embargo, Bustos Carra señaló que el empuje empresarial tiene un límite claro: «Todo este despliegue de inversión debe ser acompañado por una macroeconomía que no nos juegue en contra; necesitamos un contexto que potencie el esfuerzo que ya estamos haciendo», observó.

Una mirada hacia el futuro: calidad y certeza

Bustos Carra concluyó que la olivicultura de Mendoza tiene un activo imbatible —la calidad y las indicaciones geográficas—, pero requiere previsibilidad política. «Tenemos oportunidades de incorporar tecnología que hoy el mundo ofrece, especialmente con la Unión Europea. Pero debemos ser cuidadosos con lo que expresamos sobre los perjuicios de la apertura; hay caminos administrativos para corregir rumbos. Lo que no podemos permitir es que la ineficiencia estatal se traslade a los costos de producción. El objetivo del gobierno provincial y el nuestro es el mismo: exportar más y mejor. Si logramos esa sinergia, la olivicultura mendocina volverá a ser protagonista del mercado mundial», manifestó sobre el cierre de la comunicación.

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