El último informe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU) encendió las alarmas en el entramado productivo tras revelar una caída de casi el 5% en la actividad de junio y señalar que el 47,6% de las empresas enfrentó severos problemas para cumplir con el pago de salarios, proveedores e impuestos en julio. Más preocupante aún resulta el salto en el porcentaje de firmas con atrasos simultáneos en sus obligaciones, cifra que trepó al 9,2% y duplicó el promedio histórico del 4%. En diálogo con FM Vos (94.5), Mauricio Badaloni, referente de la Unión Industrial Argentina (UIA) y empresario mendocino, analizó la escalada de tensión con el gobierno nacional, el impacto de los créditos a tasas elevadas, el avance de los embargos fiscales, el costo de las primarizaciones en las exportaciones y las profundas asimetrías impositivas que imposibilitan a las pequeñas y medianas empresas competir en igualdad de condiciones.
Diagnóstico de morosidad, caída del consumo y presión fiscal sobre las Pymes
La combinación de un consumo en declive, pasivos financieros contratados a tasas que superaban el 70% u 80% a finales del año pasado y el mantenimiento de cargas tributarias en los tres niveles del Estado ha acorralado la liquidez de las empresas, trasladando la crisis de las planillas financieras a la realidad cotidiana de los trabajadores. «Los indicadores del estudio mensual que elabora el Centro de Estudios de la UIA (CEU) muestran cómo los datos de morosidad se van cruzando de manera directa con lo que le sucede al ciudadano de a pie. Hay causas variadas, pero muchos tomaron créditos sobre finales del año pasado con tasas que superaban el 70% u 80%. En una macroeconomía que busca estabilizarse pero mantiene esa carga, combinada con una inflación acumulada del 24% o 25%, se genera un impacto severo por la caída en el consumo, la presión de productos importados y la falta de reducciones impositivas a nivel nacional, provincial y municipal», explicó Mauricio Badaloni al principio del reportaje. «A este escenario se suma lo que ocurre hoy con la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) a nivel nacional o ATM en Mendoza, donde en menos de 30 días comienzan a trabarse embargos sobre las cuentas bancarias. La situación es compleja porque todo esto redunda en el empleo y condiciona la capacidad del sistema productivo para generar puestos de trabajo o mejorar las expectativas salariales», consideró.
Tensión institucional y el debate sobre la competitividad y los impuestos
Frente a las críticas de la administración central sobre supuestos beneficios prevendarios en la industria nacional, Badaloni rechazó que exista un abuso de posición dominante en el interior del país, enfatizando que en la región de Cuyo el 99% de las compañías son pymes que operan bajo un esquema fiscal desproporcionado en comparación con los mercados internacionales. «El esquema de tensión existe desde hace tiempo, pero se mantenía en reuniones privadas para aportar datos y buscar soluciones. Las dificultades no surgieron de un mes para otro, ni los más de 90.000 empleos que perdió la industria cayeron de golpe. Lo que plantea la Unión Industrial Argentina es que nivelen la cancha: competir contra productos que no pagan impuestos en su país de origen es inviable. Argentina ostenta un récord impositivo en la región y el mundo, aplicando tributos como Ingresos Brutos o el Impuesto al Cheque que no existen en otros lados», remarcó en ese tramo de la charla. «Doña Rosa no comprende por qué la leche cuesta lo que cuesta y cree que el industrial, el transportista o el supermercado le están robando, pero la realidad es que ese producto tiene un 50% de componentes tributarios. Cuando acumulás el efecto en cascada de Ingresos Brutos a lo largo de toda la cadena, no se paga un 4%, sino que puede llegar al 16% o 18% del valor total en góndola. En la región de Cuyo el 99% de las empresas son pymes; no hay formadores de precios ni abusos de posición dominante, todas compiten al límite», aseguró. «Nosotros advertimos este desequilibrio macroeconómico porque no en vano se observa un crecimiento del desempleo o la precarización laboral. No es lo mismo un puesto de trabajo industrial formal que el empleo en plataformas o monotributistas. Tampoco es igual abrir o cerrar un comercio que cerrar una industria: cuando una fábrica cierra, no se sabe cuándo puede volver a abrir», declaró. «En el marco del foro de la red de italianos, el canciller de ese país destacó que Italia es una potencia industrial con más de cuatro millones de pymes, reuniendo cinco veces más pymes por habitante que la Argentina. Nosotros tenemos un problema grave de generación de empleo de calidad y estamos dejando pasar la oportunidad de duplicar o triplicar la cantidad de emprendedores que ayuden a dinamizar el salario», añadió.

Propuestas de corrección, distorsiones logísticas y la reprimarización del comercio
El dirigente empresarial remarcó la urgencia de aplicar correcciones en las variables de financiamiento e infraestructura impositiva, exponiendo casos donde los altos costos locales fuerzan a la exportación de materias primas sin procesar o generan distorsiones logísticas insólitas donde resulta más económico importar productos desde Europa que trasladarlos dentro del propio territorio nacional. «Lo primero que se necesita es una visión común. Si China entra a competir en Estados Unidos, la respuesta de ese país es fijar barreras arancelarias, algo que aquí se califica despectivamente como proteccionismo. No pedimos barreras, sino corregir los tributos locales. Las pymes en Mendoza enfrentan tasas de financiamiento con un 8% de Ingresos Brutos, un 1,5% de Sellos y un 3% de garantía de SGR. Esos tres ítems terminan ganando más que el propio banco que presta el dinero. Además, el Banco Central mantiene encajes elevados que restringen el volumen de crédito y encarecen las tasas», apuntó.
Dentro de ese contexto, la acumulación de tributos en las distintas etapas de la cadena comercial local genera distorsiones que castigan la producción con valor agregado y terminan obligando a las empresas a exportar insumos básicos sin procesar. “Por algo la pyme y la industria cierran; de hecho, ya hay más de setecientas empresas que bajaron sus persianas. La industria textil, por ejemplo, no tiene margen para subsistir. Esta semana supimos que aumentaron las exportaciones de hilados, lo que demuestra que la calidad de producción existe, pero lo que se está vendiendo al exterior es la materia prima directa. Esto ocurre porque es el eslabón con menor carga impositiva: al no pasar por el circuito comercial local, la logística interna ni la tienda de cercanía, se evita esa acumulación tributaria y la exportación resulta más viable”,, analizó el referente de la Unión Industrial Argentina.
“En Mendoza sucede un fenómeno similar: mientras caen las exportaciones de vino fraccionado, las de mosto crecen por tener una menor incidencia impositiva. Esta dinámica termina destruyendo la inversión en investigación, desarrollo e innovación dentro de las empresas, forzándonos a reprimarizar la economía. La industria nacional tiene más de 150 años de historia y lo que defiende es, precisamente, la necesidad de corregir un rumbo que castiga el valor agregado”,, destacó. «Si nos comparamos con Chile, donde también operamos de forma directa, pagamos la mitad de los impuestos que se cobran en Argentina por el servicio de transporte. Esta situación no se resuelve poniendo en discusión el valor del salario, sino logrando sostener las líneas de producción. En la industria automotriz pasa algo insólito; un fabricante instalado en Córdoba me confirmaba que le resulta más barato importar a Chile un vehículo producido en Francia que enviar a ese mismo país vecino la unidad fabricada en su planta cordobesa. Esas desatenciones estructurales son las que el Estado debe corregir urgente», ilustró para cerrar la entrevista.


