AMIA: 25 años de una herida aún abierta

Hoy se cumplen 25 años del atentado que, en la ciudad de Buenos Aires, destruyó la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), dejando un saldo de 85 muertos y más de 300 heridos. A pesar del tiempo transcurrido y de tratarse del ataque terrorista más violento de la historia de nuestro país, este aún no ha sido totalmente esclarecido y por eso se impone la necesidad de renovar el reclamo de justicia y castigo a los culpables.
El atentado a la AMIA sigue representando una herida abierta para el conjunto de la sociedad argentina. Lo que se pretende es que esa laceración cicatrice no solo por el paso del tiempo, sino también por la actuación firme y comprometida de los distintos actores del sistema judicial argentino que, vale recordar por si hiciera falta, están llamados a resguardar los valores jurídicos supremos en su tarea de juzgar y castigar a los culpables de estos delitos aberrantes.
Es necesario, además, que la comunidad en su conjunto mantenga vivo el recuerdo de las víctimas, para que en el futuro no se repitan hechos de esta naturaleza en la Argentina. Se impone, en esta misma lógica, conocer la verdad de lo sucedido y que se castigue con todo el peso de la ley a sus responsables.
La sociedad argentina no puede permitirse tener instituciones que se muestren frágiles ante crímenes tan graves. 25 años es mucho tiempo para que ese crimen siga impune y es por ello que deben realizarse todos los esfuerzos a fin de evitar que la falta de penalización de la conducta criminal de los autores materiales e intelectuales de aquel hecho lleve, de alguna manera, a fortalecer la idea de impunidad, un término que tiene una especial significación y una enorme sensibilidad en una sociedad como la nuestra, que en su historia reciente sufrió graves violaciones a los derechos humanos.
No se trata, por cierto, de un mero afán punitivo sino de una impostergable necesidad que se impone en la Argentina de hoy de construir un país más justo sobre la base del respeto a las leyes y a la vida.