Argentina, el país de la grieta eterna

El habitual discurso presidencial de cada 1 de marzo, que marca el inicio de período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación, se vio empañado por una serie de agresiones protagonizadas por el mismísimo Javier Milei.

Lejos de los grandes anuncios que se aguardaban, Milei, en uno de los actos institucionales más importantes del calendario argentino, expuso – de forma grosera y manifiesta – la intención de profundizar la grieta social y política que tanto daño le ha causado a la Argentina.

De principio a fin, en poco más de una hora y media que duró su discurso, el presidente agredió, agravió y maltrató no solo a la oposición, sino a la principal casa de la democracia. La actitud beligerante y hasta bravucona del jefe de Estado, enardeció a quienes no integran bloques oficialistas y afines, que también – de forma injustificada – ignoraron la investidura y esbozaron todo tipo de epítetos hacia la figura de Milei. Con una diferencia, el micrófono encendido lo tenía el presidente.

El lamentable show del presidente en el Congreso tuvo sus cómplices, pues cada uno de los legisladores libertarios, más funcionarios gubernamentales y militantes de La Libertad Avanza situados en espacios VIP, no solo vitorearon cada agresión del presidente, se trenzaron en un tristísimo ida y vuelta con quienes no comulgan con sus ideas.

Desde el “chilindrina troska” a la diputada de izquierda, Miriam Bregman, hasta la celebración del cántico “saquen al pingüino del cajón” que entonaron los libertarios en el Congreso, Milei montó un escandaloso acto político cargado de odio e intolerancia.

El término “grieta” lo acuñó el periodista Jorge Lanata, durante la época del Kirchnerismo, para graficar la división social que causó ese espacio político cuando gobernó Argentina. Nada ha cambiado, pese a que quienes hoy comandan los destinos del país, están en las antípodas de quienes gestaron dicha bifurcación.

La actitud de Milei y su séquito no conoce de límites cuando de ataques se trata. Todo aquel que decide opinar distinto o expresarse en contra de lo que promulga el Gobierno Nacional, será víctima de atroces ataques, especialmente en redes sociales, el espacio predilecto de La Libertad Avanza.

El crédito social del que goza el presidente argentino no es infinito. La paciencia tiene un límite, ya sea por razones económicas que miles de familias padecen en su vida cotidiana, pero también por el hartazgo que genera la violencia política a la que tan acostumbrado está el mandatario y sus laderos. Advertirlo, dependerá del mismo Gobierno.