El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) ha puesto la lupa sobre una problemática que redefine el concepto de pobreza: la inseguridad alimentaria que afecta a la población asalariada. La investigación, realizada en el marco de la discusión sobre la reforma laboral y la vulnerabilidad de los trabajadores, arroja cifras alarmantes sobre cómo la insuficiencia de ingresos impacta directamente en la capacidad de las familias para acceder a una dieta adecuada.
El estudio confirma que una parte significativa de la fuerza laboral del país no logra cubrir sus necesidades básicas de alimentación. La investigadora Ianina Tuñón detalló las principales conclusiones del trabajo, revelando que el fenómeno ya no es exclusivo de los sectores desocupados o informales.
«Lo que encontramos es que los trabajadores asalariados en un 15% aproximadamente experimentan situaciones de inseguridad alimentaria y un 7% de los asalariados registrados formales. Esto es algo que ya en el 2023 empezamos a observar y que en el 2024 prosiguió como una problemática.», dijo Tuñón a FM Vos 94.5.
Luego, aclaró que la situación no es nueva, sino que ha crecido de manera pronunciada desde 2018, marcando la irrupción de los trabajadores pobres en la agenda social.
¿Qué se entiende por inseguridad alimentaria?
La UCA mide este indicador desde 2009, entendiendo la inseguridad alimentaria como un proceso gradual que deteriora la calidad de vida de los hogares. «La inseguridad alimentaria es cuando los hogares tienen que bajar la cantidad y la calidad de los alimentos por problemas económicos, la situación menos grave es esa. Luego empiezan a bajar su ingesta, en general empiezan las mujeres, luego los hombres, y finalmente la situación más severa es cuando son los niños los que experimentan situaciones de hambre», explicó la investigadora.
Este proceso demuestra que incluso aquellos con un trabajo diario y jornada completa tienen dificultades para garantizar una alimentación de calidad, un derecho que se ve restringido por la coyuntura económica.

El costo de vida y los nuevos «trabajadores pobres»
La investigadora vincula este deterioro alimentario no solo al bajo poder adquisitivo del salario, sino a la reconfiguración de los gastos esenciales. El incremento en el costo de servicios básicos y suplementos consume una porción cada vez mayor del ingreso, dejando a las familias sin margen para la canasta de alimentos. «La canasta básica alimentaria, pero también de servicios, ha llevado a que muchos hogares de trabajadores asalariados tengan que destinar una parte más importante de su salario a servicios básicos, como la electricidad, el gas, el agua, transporte, y también a los suplementos que implican la salud o incluso cuotas de colegios», detalló.
«En este contexto, la línea de pobreza, que marca el estándar de cobertura de una canasta básica, es superada muy levemente, lo que no garantiza una alimentación adecuada», añadió.
Los grupos más vulnerables dentro del trabajo
Si bien la cifra general de asalariados afectados es del 15%, el estudio identifica grupos dentro de esta franja con una vulnerabilidad aún mayor:
Subocupados: Aquellos que trabajan 25 horas o más, pero desearían trabajar más.
Edad y familia: Trabajadores entre 35 y 55 años, que suelen tener hogares con más miembros y, fundamentalmente, niños.
Geografía: Los grandes cordones de las zonas metropolitanas, como el Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario y Gran Mendoza.
En contraste, la investigadora señaló que las ciudades pequeñas del interior del país presentan una menor incidencia del problema. El Observatorio de la UCA, de cara a estos resultados, ha iniciado una nueva investigación para conocer en mayor profundidad los hábitos alimentarios y las condiciones de la ingesta durante la jornada laboral en distintas ramas de actividad.







