Aseguran que hubo más de 3 mil fiestas clandestinas en el país desde que empezó la cuarentena

Según estimaciones de la Industria del Entretenimiento Argentino (IDEAr), en los últimos 8 meses se realizaron más de 3000 fiestas clandestinas y eventos clandestinos, fundamentalmente en la Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Rosario. Los eventos tienen un denominador común: la gente, tanto jóvenes como adultos, tiene la clara necesidad de sociabilizar y divertirse.

 

“Este tipo de encuentros se dan de varias maneras: desde los más caseros en SUMs, quinchos o terrazas de un domicilio, que pueden albergar entre 20 y 50 personas, hasta eventos más organizados donde alguien alquila un lugar, convoca, contrata un DJ y vende entradas y bebidas. Este tipo de evento puede juntar hasta 500 personas, como fue el caso conocido en la ciudad de Mercedes”, explican desde IDEAr y agregan que “una nueva modalidad se está dando como juntadas espontáneas donde un grupo se convoca en un lugar público y cada uno lleva su bebida y la música sale de un auto preparado con parlantes. El evento se va corriendo de boca en boca y se va juntando más gente”.

 

Más allá de la falta de seguridad, controles de edad y el comercio ilegal que generan, la principal preocupación de estos eventos, tanto los grandes como los más chicos, es que no tienen ningún tipo de protocolo y profundiza el riesgo de transmisión del virus. De hecho hay estimaciones a nivel global que establecen que el 60 o 70% de contagios se producen en eventos clandestinos.

 

“Hoy los encuentros sociales existen. Las fiestas clandestinas están todos los días. Es un gran error querer negarlas. Desde nuestra perspectiva, la única manera de combatir la clandestinidad y garantizar a los jóvenes que puedan divertirse pero con cuidados es con el paulatino regreso de la actividad. No somos negacionistas de lo que sucede solo entendemos que a la juventud debemos y tenemos la responsabilidad de brindarles una opción dentro del marco legal, cuidada, con todas las medidas sanitarias y cuidados pertinentes. Si pudiéramos abrir nuestros locales, de modo responsable, cuidado y protocolizado la tasa de fiestas clandestinas bajaría sustancialmente”, explica Ariel Gambini, dueño de Mute Argentina y uno de los fundadores de IDEAr.

 

La dinámica que proponen los empresarios es reabrir con burbujas sociales de no más de 10 personas por mesa y con restricciones para la movilidad dentro de los clubes. “Nuestra idea es tener controles en el ingreso, tomarle la temperatura a todos los que entran, un protocolo responsable que abarque desde que el joven baja su primer pie del auto hasta que se sube y se va. También buscamos brindar la opción de shows o eventos musicales en burbujas sociales, sin contacto entre ellas, con registros exhaustivos y cuidados de todos los detalles. Así los chicos podrían pasar el tiempo entre ellos y con el distanciamiento necesario. Es una forma de adaptarse a la nueva normalidad de forma segura: no prohibir sino regular la actividad. Prohibiéndola no se la quita de la vida sino sólo se la corre a la sombra, con más precariedad y clandestinidad” agrega Gambini.