Un reciente informe del Observatorio de Argentinos por la Educación encendió las alarmas: el ausentismo estudiantil creció 7 puntos en apenas dos años y afecta a casi todas las provincias. Martín Nistal, economista y director del Observatorio, analiza las causas de este fenómeno donde la falta de motivación aparece como la segunda razón de inasistencia, solo detrás de la salud. En diálogo con FM Vos 94.5, destaca la necesidad de recuperar la cultura de la presencialidad como base del aprendizaje y la disciplina.
El informe revela que uno de cada tres estudiantes falta más de 20 días al año, mientras que uno de cada diez pierde un mes o más de clases. Sin embargo, para Nistal, estas cifras podrían ser solo la punta del iceberg. «Estamos viendo problemas serios en el tiempo escolar. Los niveles de ausentismo que observamos se basan en datos autorreportados: son los propios chicos quienes dicen cuánto faltaron. Hay razones para pensar que esto es un piso y que la realidad es más grave, ya que los estudiantes suelen subreportar sus faltas y, además, es probable que los chicos que más faltan ni siquiera estuvieran presentes el día que se tomó la prueba Aprender», expresó al principio del reportaje.
«No es solo un tema de niveles altos, sino de una tendencia creciente en todas las provincias que se viene agravando desde 2022», manifestó.
El factor motivación: «No tenía ganas de ir»
Al analizar el fenómeno de salud y algo más, los informes revelan que, si bien los problemas médicos siguen siendo la primera causa de ausentismo justificado, la segunda razón en importancia es, llamativamente, la falta de voluntad. Dentro de ese contexto, Martín Nistal señaló que este punto es clave para entender la desconexión actual de los jóvenes con la institución escolar.
En ese sentido, surge lo que los especialistas denominan la barrera del 40%. «Ese porcentaje de estudiantes afirma que faltó simplemente porque no tenía ganas. Lo preocupante no es solo el sentimiento, sino que efectivamente puedan faltar. A todos nos pasó ser adolescentes y no querer ir, pero en el pasado no podíamos faltar tanto; hoy parece que ese límite social y familiar se ha desdibujado», explicó el director del Observatorio.
Por otro lado, el análisis no deja de lado las causas exógenas, donde aparecen factores como los problemas de transporte o las condiciones climáticas adversas. Estos motivos, aunque externos a la voluntad del alumno, evidencian las profundas disparidades de infraestructura que persisten a lo largo del país y que terminan condicionando el derecho a la educación de manera desigual según la región.

Mendoza frente al promedio nacional
En el mapa del ausentismo, Mendoza presenta un comportamiento similar a la media del país, aunque con una particularidad: es una de las pocas jurisdicciones que ha comenzado a transparentar y atacar el problema con datos públicos. «Mendoza está muy cerca del promedio nacional. Mientras que en el país el 51% de los chicos falta al menos 15 veces (lo que representa un mes y medio de clases a fines de octubre), en Mendoza ese número es del 49%. Es positivo destacar que Mendoza es una de las tres jurisdicciones, junto a CABA y la provincia de Buenos Aires, que ha mostrado datos públicos sobre este tema. Sabemos que hubo picos muy altos tras la pandemia, pero actualmente los niveles están en torno a los 28 días de promedio anual», destacó el entrevistado.
El fin de la flexibilidad: hacia regímenes más estrictos
Ante el diagnóstico crítico sobre el tiempo escolar, algunas provincias han comenzado a endurecer los requisitos de asistencia para promocionar el año, una medida que desde el Observatorio de Argentinos por la Educación ven como un paso necesario, aunque todavía insuficiente para revertir la tendencia.
En este nuevo esquema, la regla del 80% de asistencia se ha convertido en el estandarte de jurisdicciones como Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires para corregir regímenes que se habían vuelto excesivamente flexibles. «En Mendoza, los chicos deben cumplir ese porcentaje para pasar de año. Sin embargo, si hacemos cuentas, el 20% de inasistencia permitida en un calendario promedio de 185 días implica que un alumno puede faltar 37 veces en el año. Sigue siendo un número muy alto para garantizar la continuidad pedagógica», advirtió Martín Nistal.
Para el especialista, el valor de la presencialidad trasciende los contenidos curriculares y se vincula directamente con la adquisición de habilidades blandas. Según el entrevistado, la asistencia regular es una enseñanza en sí misma: «La escuela enseña disciplina y compromiso. Un chico que falta 40 o 50 veces al año probablemente tendrá problemas serios en el futuro, ya sea en la universidad o en el mercado laboral», comentó.
En última instancia, el objetivo de estos cambios normativos es reinstalar una cultura de la responsabilidad. «La escuela debe enseñar que existen compromisos que deben cumplirse, incluso cuando no hay ganas. Es fundamental que los chicos encientan que para aprender y para desarrollarse en cualquier ámbito de la vida, se requiere de la constancia y del cumplimiento de las tareas asumidas», manifestó el director del Observatorio.
El valor del tiempo en el aula
Más allá de las materias tradicionales, el director del Observatorio insiste en que el compromiso con la presencialidad es un aprendizaje fundamental para la vida adulta y la equidad social. «Hay razones pedagógicas centrales: para aprender hay que dedicarle horas. Pero también hay una formación ciudadana. Debemos recuperar la idea de que la asistencia es un compromiso asumido. La tendencia a bajar la flexibilidad de los regímenes de promoción es correcta porque el aprendizaje requiere constancia. Si queremos que los chicos avancen, el primer paso es asegurar que estén sentados en el aula, construyendo el hábito del esfuerzo y la responsabilidad diaria», concluyó.







