El cuartel de Bomberos Voluntarios de Rama Caída ha lanzado su convocatoria 2026 para sumar nuevos integrantes a sus filas. Iván Rosales, jefe del cuerpo activo, dialogó sobre la profunda vocación que sostiene a estos servidores públicos, la rigurosa formación que atraviesan y la cruda realidad de un sistema que, a menudo, se apoya exclusivamente en el sacrificio personal ante la falta de recursos estatales.
La vocación como único requisito indispensable
Para Rosales, la oportunidad de convertirse en bombero voluntario es una respuesta concreta para aquellos vecinos que, ante las emergencias que ven en los medios, se preguntan cómo pueden ayudar. «El requisito mayor es tener vocación de servicio, de querer ayudar al prójimo y a la comunidad. Si bien hay una cuestión de edad —desde los 13 años como cadetes y a partir de los 18 como aspirantes—, damos un margen hasta los 45 o 47 años. Lo primordial es la voluntad y la perseverancia», aseguró en la entrevista que brindó a FM Vos 94.5.
«Ser bombero voluntario implica que, cuando todos están saliendo del riesgo, vos estás entrando. Es una responsabilidad que conlleva riesgo de vida, pero el pago más grande es la gratitud; no hay plata en el mundo que te dé lo que sentís cuando ayudás a alguien», destacó.
Un año de formación para salvar vidas
Lejos de ser una actividad improvisada, el camino para ser bombero exige un ciclo lectivo completo de estudio y práctica intensa. La capacitación es diversa y profesionalizante, otorgando herramientas que incluso tienen salida laboral en el ámbito privado. «La formación dura aproximadamente un año; empieza en marzo y se rinde en diciembre. Son siete u ocho materias que van desde incendios forestales y estructurales hasta accidentes viales y socorrismo. Hay mucha práctica, pero es lo que te salva la vida a vos y a los demás», sintetizó Rosales.
«Además, te da conocimientos necesarios para la industria o la seguridad privada. Aunque no hay una paga mensual, la formación es de excelencia», enfatizó.

Entre el heroísmo y la desidia estatal: el desafío de sostener un cuartel
A pesar de la loable tarea que realizan, los cuarteles de voluntarios enfrentan una realidad económica que muchas veces pone en jaque su operatividad. Dentro de ese contexto. Rosales comentó cómo la falta de apoyo oficial suficiente obliga a los propios bomberos a sostener el servicio mediante un sacrificio que trasciende lo profesional para volverse personal.
Uno de los puntos más críticos es el costo de la operatividad diaria. El mantenimiento de un cuartel implica gastos básicos que no siempre están cubiertos. “Hay que pagar luz, gas, Internet y la comida de los bomberos. Para un cuartel chico, lograr conseguir una herramienta cara es un triunfo», manifestó al respecto.
A esto se suma la falta de equipamiento crítico, una carencia que se vuelve dramática en el momento de la emergencia. En ese sentido, Rosales señaló que la sociedad suele notar estas falencias cuando el tiempo apremia. “Ante esto, muchas veces uno termina poniendo dinero de su bolsillo y sacándole cosas a su familia por la vocación de servicio», contó con total sinceridad.
Asimismo, el referente de Rama Caída destacó que existen reivindicaciones pendientes que el Estado provincial debería abordar para dar un marco de sostenibilidad al voluntariado. «La provincia debería discutir temas como un subsidio en la jubilación para quienes tienen oficios o son agricultores, o eximirnos de ciertos impuestos. Hoy lo único que tenemos es el colectivo gratis para movernos, pero faltan aplicar muchas políticas de fondo para proteger a quienes protegen a los demás», consideró.
Una invitación abierta a toda la comunidad
El jefe del cuartel enfatizó que el fortalecimiento de la institución no depende únicamente de quienes visten el uniforme, sino del apoyo diverso de toda la sociedad. «Mucha gente cree que no puede aportar por su edad o sus capacidades físicas, pero todos somos útiles. Tenemos materiales para mejorar las instalaciones del cuartel, pero a veces nos falta la mano de obra calificada de un vecino que sepa de albañilería o plomería. Colaborar con tiempo o conocimientos es un aporte enorme que mejora las condiciones de quienes están en la línea de fuego», sostuvo.
«El próximo sábado 21 de febrero, a las 17 horas, invitamos a todos los interesados a una reunión informativa en la calle Severo Ríos 401 del barrio Pobre Diablo. Es una oportunidad para darle un nuevo sentido al compromiso ciudadano», concluyó.







