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Brecha educativa en Argentina: solo tres provincias garantizan la meta de los 190 días de clases

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Mendoza se posiciona como uno de los pocos distritos del país que, al fijar su calendario escolar 2026, garantiza el cumplimiento de los 190 días de clases. Sin embargo, detrás de las cifras oficiales se esconde una realidad nacional fragmentada. Romina Busain, profesora de Matemática y Física y vocera de Argentinos por la Educación, analiza el último informe del observatorio de la ONG y advierte sobre la brecha entre los días planificados y las horas efectivamente dictadas, y cómo esta disparidad vulnera el derecho básico al aprendizaje de miles de niños argentinos.

Mendoza, San Luis y Santiago del Estero: las excepciones a la regla

El Consejo Federal de Educación elevó la meta a 190 días de clases (o un mínimo de 760 horas reloj anuales) con el objetivo de recuperar los aprendizajes perdidos durante la pandemia. No obstante, el relevamiento de Argentinos por la Educación revela que la mayoría de las jurisdicciones fallarán en alcanzar este piso. «Solo tres provincias —Santiago del Estero con 192 días, San Luis con 191 y Mendoza con 190— han planificado calendarios que garantizan la meta fijada. En el otro extremo, tenemos siete provincias donde una proporción significativa de estudiantes no alcanzará las horas mínimas, y el caso alarmante de Catamarca, que ni siquiera llega al mínimo de días», indicó Busain.

«Esto refleja una desigualdad educativa muy fuerte según el lugar donde nace un chico; no todos tienen garantizado el mismo derecho al tiempo de aprendizaje, que es el factor más importante para mejorar resultados», expresó.

Más allá de la discusión sobre la cantidad de días, la preocupación central de Argentinos por la Educación se enfoca en qué sucede efectivamente mientras las escuelas mantienen sus puertas abiertas

La diferencia entre lo planificado y lo real

El informe no se limita a leer las fechas de inicio y cierre del ciclo lectivo. Realiza un descuento quirúrgico de feriados nacionales y provinciales, recesos invernales y jornadas institucionales. Pero, según Busain, existen factores «invisibles» que acortan aún más el año escolar. «El calendario escolar no es solo un parámetro administrativo, es una política educativa central. El problema es que en Argentina no existen datos públicos sobre los días y horas efectivamente dictados. Al cronograma oficial hay que restarle los paros, los problemas edilicios que impiden abrir escuelas en condiciones dignas y las cuestiones climáticas», detalló en medio de la entrevista que brindó a FM Vos 94.5.

«Todo esto amplía la brecha entre lo que se anuncia y la realidad del aula. Si el Estado no garantiza el tiempo mínimo de enseñanza, está limitando los proyectos de vida de los alumnos», opinó.

Alfabetización y calidad educativa: una deuda pendiente

Más allá de la discusión sobre la cantidad de días, la preocupación central de Argentinos por la Educación se enfoca en qué sucede efectivamente mientras las escuelas mantienen sus puertas abiertas. Según señaló Busain, los resultados cualitativos de las evaluaciones nacionales siguen arrojando cifras críticas en áreas que son el cimiento de cualquier trayectoria académica futura.

Un dato alarmante marca el pulso de la crisis en la comprensión lectora. «Estudios previos muestran que el 46% de los alumnos de tercer grado no entienden lo que leen. Por eso es vital el compromiso de alfabetización que están asumiendo actualmente las provincias; sin lectura comprensiva, el resto del aprendizaje se vuelve inalcanzable», subrayó la docente y vocera.

En la misma línea, el desempeño en Matemática revela una brecha preocupante. «Existe una baja calidad en cuanto a contenidos y una falta de apropiación de aprendizajes significativos. En las últimas décadas logramos el hito de que más chicos estén dentro del sistema educativo, pero no hemos conseguido que aprendan de manera sustantiva», explicó.

Asimismo, la especialista sostuvo que el objetivo debe ir más allá de los 190 días. Si bien avanzar en la jornada extendida para el nivel primario es un paso que califica como imprescindible, destacó que no es una solución mágica. «Necesitamos escuelas en condiciones edilicias dignas, docentes bien formados y reconocidos salarialmente, y una alianza sólida con familias y estudiantes que estén comprometidos con sus escuelas. Solo así el calendario dejará de ser una promesa para convertirse en realidad», recalcó.

La urgencia de la transparencia

Para la docente, el primer paso para mejorar el sistema es contar con información veraz que permita diagnosticar dónde se pierde el tiempo escolar y por qué algunas provincias logran mejores trayectorias que otras. «El sistema tiene dos obligaciones: garantizar el acceso y asegurar la calidad. El calendario escolar debe ser el contrato que asegure que ambos se cumplan», aseveró.

«Hoy, ver que provincias como Mendoza hacen el esfuerzo de planificación es una buena señal, pero el desafío es que ese calendario se traduzca en días efectivos frente al docente. Sin datos públicos de asistencia y cumplimiento real, seguimos discutiendo sobre supuestos mientras la brecha educativa se profundiza», completó Busain.

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