Capitalismo, exclusiones y beneficiarios

Mientras que la fortuna de los más ricos del mundo no para de crecer, casi la mitad de la población mundial se ve obligada a sobrevivir con menos de seis dólares al día. Estas ya casi obscenas diferencias atrapan fundamentalmente a los más pobres, para quienes los sufrimientos y penurias son a esta altura una rutina diaria.
Los guarismos son palmarios: el 1% de la población mundial acapara el 82% de la riqueza generada y más de 4.000 millones de personas no pueden disfrutar de un bienestar que, por lo menos, les permita vivir dignamente. Más datos: en el año 2017 se generó el mayor incremento del número de personas cuyas fortunas superaron los 1.000 millones de dólares, y en América Latina y el Caribe, en tanto, el 10% de la población concentra el 68% de la riqueza total.
Todo esto llevaría a pensar que, en el actual sistema de vida, la distribución equitativa de la riqueza no es más que un paradigma utópico.
No obstante, y esto afirmado por muchos economistas de renombre mundial, el sistema económico vigente muestra signos de fracaso porque muchos países capitalistas del “primer mundo” imponen sus condiciones por sobre los derechos a poder vivir decorosamente del resto de los habitantes del planeta.
Todos los países que pidieron préstamos al Fondo Monetario Internacional (FMI), por ejemplo, no han podido salir de sus crisis. Un ejemplo es Grecia y más tarde o más temprano podrá ser Argentina. El cumplimiento a las exigencias del FMI o de los países ricos representa para cualquier país, al corto o mediano plazo, más pobreza y, por tanto, mayor mal humor social.
Ningún G20, Foro Económico de Davos o cualquier otro encuentro internacional de naciones puede, sabe o quiere tratar en forma acabada, la posible disminución de la pobreza global. ¿Es acaso la pobreza una herramienta para someter a los pueblos? Y, en el mismo sentido, ¿puede un sistema tan masivamente excluyente permanecer incólume para siempre?