El padre Gastón Funes, vicepresidente de Cáritas Diocesana San Rafael, se refirió a la situación social y económica que atraviesa la región y al impacto que perciben en la labor cotidiana de la organización. En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, destacó que si bien algunos indicadores oficiales marcan una baja en los índices de pobreza, esta realidad aún no se observa en las comunidades con las que trabajan día a día.
“Muchas veces esas estadísticas hacen referencia a lo que le llaman la macroeconomía, y eso demora un tiempo en reflejarse en la microeconomía, que es muchas veces la realidad con la que Cáritas trabaja cotidianamente”, señaló Funes.
El sacerdote explicó que si bien la pobreza es una constante histórica que “acompaña siempre al género humano”, el contexto actual sigue siendo complejo para muchas familias. Indicó que la necesidad se agudiza en determinados períodos del año, como el invierno o los meses en que la actividad agrícola disminuye: “Nuestra diócesis tiene muchas zonas rurales, y en tiempos donde no hay poda o cosecha, esos también son meses difíciles para la economía de muchas personas, y muchas veces se pide mayor asistencia”.
Funes confirmó que hay un incremento en los pedidos de ayuda, en consonancia con lo que también señalan otras instituciones de caridad y comedores barriales: “Indudablemente afectan ciertas circunstancias del tiempo en el que vivimos. Por ejemplo, el invierno es un momento particular de mayor necesidad de frazadas, ropa o abrigo”.
En cuanto a la estructura de Cáritas, explicó que se articula a través de la sede diocesana, presidida por el Obispo, y que se coordina con las distintas Cáritas Parroquiales: “Caritas Diocesana tiene esta labor intermedia entre Caritas Nacional y las Caritas Parroquiales, y también ayuda a coordinar y gestionar recursos y fondos para que lleguen a las parroquias, incluso en los lugares más distantes de la diócesis”.
Respecto al trabajo en San Rafael, recordó que la sede central de Cáritas se encuentra en Paula Albarracín de Sarmiento y Comodoro Pi. Allí no solo se organiza el trabajo a nivel regional, sino que también se lleva adelante una asistencia directa a los vecinos de la zona.
Consultado sobre las formas de colaboración, Funes remarcó que mucha gente suele donar ropa, aunque no siempre en las condiciones adecuadas: “Muchas veces pasa que cuando hacen cambios, mudanzas o limpiezas, aprovechan a sacar ropa, y a veces no toda está en buen estado. Me ha pasado que me dejan bolsones frente al portón, y cuando se rompen las bolsas queda ropa esparcida por todos lados”.
Frente a esta realidad, valoró el compromiso de quienes sí se toman el trabajo de preparar adecuadamente las donaciones: “Otra gente sí se toma el trabajo de lavarla, plancharla, clasificarla por edad o talle. Eso se agradece mucho porque facilita la distribución”.
También aprovechó para aclarar el funcionamiento de las ferias de Cáritas, donde la ropa se ofrece a precios simbólicos: “A veces la gente se queja porque Cáritas vende la ropa. Pero esto se hace, por un lado, para comprar alimentos, y por otro, para dignificar a la persona que se lleva la ropa, que le cueste un poquito para que lo valore. Igual, si alguien necesita y no tiene dinero, la ropa siempre está disponible y se da”.
En cuanto a la colecta anual de Cáritas, recordó que se realiza tradicionalmente en el mes de junio, y anticipó que en las próximas semanas comenzarán a difundir la campaña: “Seguramente vamos a estar molestándolos un tiempo antes para que nos ayuden a difundir la colecta”.
Finalmente, Funes compartió una preocupación adicional: la necesidad de reabrir un merendero que funcionaba en la sede central y que fue cerrado por falta de recursos. “Con esto de reducir el presupuesto que recibíamos para que funcionara diariamente y por algunas mejoras necesarias en los baños, todavía no lo hemos podido abrir. La idea es hacerlo después de Pascua, los lunes, miércoles y viernes”, explicó.
Además, mencionó que los jueves funciona el merendero San José en la parroquia Nuestra Señora de Luján, ubicada en las cercanías. “Aprovecho para pedir ayuda a quienes puedan colaborar para volver a abrir el merendero, que realmente producía mucho bien en los niños de la zona. Necesitamos leche, azúcar, dulces y todo lo que acompañe una merienda. También tenemos una cocina donde muchas veces se hacen tortitas”, concluyó.






