Carmencita López, otra muestra de la sanrafaelinidad

Carmen López (“Carmencita” para casi todos los sanrafaelinos), la otrora actriz de radionovelas que hoy está cerca de sus 81 años, ha dedicado los últimos 30 al cuidado de perros y gatos abandonados en un predio de cinco hectáreas en la calle Tulio Angrimán de la Isla del río Diamante.
Esta semana, la justicia de Faltas local determinó un operativo para abordar las penosas condiciones edilicias, de limpieza y de salubridad que se observaban en el lugar. Así, el juez Oscar De Diego ordenó que se retiraran a todos los perros del predio (más de 60), se realizara una profunda limpieza y se revisara el frágil estado de salud de López. Algunos animales se encontraban en pésimas condiciones por lo que se ordenó su sacrificio, y se intentará que el resto sea dado en adopción.
Hablar de Carmencita López es hablar un poco de cómo somos los sanrafaelinos, a la vista está. Una mujer que cuenta con poquísimos apoyos económicos se hizo y se hace cargo de cientos de animales que fueron abandonados a su suerte por dueños desaprensivos.
Hablar de esta mujer es observar en forma evidente cómo muchos de nosotros sí podemos llevar uno o varios perros o gatos hasta ese lugar de la ciudad para descartarlos, pero no pudimos llevarlos hasta los sitios donde se llevan adelante las esterilizaciones gratuitas implementadas por el Municipio, por ejemplo.
Carmencita López es una muestra palmaria de cómo muchos sanrafaelinos somos afectos a trasladarle nuestros problemas al otro y de cómo, en esa cobarde tarea, podemos presentar nuestras más variadas, ilógicas e inválidas excusas.
El Estado, en este caso desde la Justicia, ha tomado cartas en el asunto. Pero debería ser la comunidad en su conjunto –la misma que con su irresponsabilidad y desdén contribuyó a llegar a este estado de situación- la que se haga cargo de las falencias de varios de sus miembros. Probablemente éste sea un buen momento para reflexionar acerca de nuestra a veces paupérrima actuación social y darnos cuenta que hay muchas cosas que aún hacemos mal.