Caso “Pirincho”: el dilema que derivó en el juicio abreviado y los 10 años para el homicida

Para el fiscal Javier Giaroli, representante del Ministerio Público Fiscal, la muerte por infarto que sufrió “Pirincho” tuvo causalidad con los golpes que anteriormente le aplicó su hijo. Sin embargo, esa percepción no encontró aval ni en la forense que realizó la necropsia ni en el equipo de cardiólogos del hospital Schestakow que analizó la causa. “No se puede determinar la relación entre el infarto y los golpes”, aseveraron los profesionales médicos. 

La causa por el homicidio de Carlos “Pirincho” Contreras terminó con condena para su hijo, Juan Bautista Contreras (41), quien se encontraba detenido desde el 4 de abril, cuando el cuerpo de su padre apareció sin vida en cercanías de la casa que ambos compartían en La Pichana y con signos de haber sido golpeado.
Si bien la acusación inicial del fiscal Javier Giaroli contra Juan Bautista fue por “homicidio agravado por el vínculo”, una figura que prevé juicio por jurado y, de ser culpable el acusado, prisión perpetua, el fallo del viernes, acordado por el propio fiscal y la defensora de Contreras, Florencia Garciarena, estableció una pena de 10 años de prisión para el hijo de “Pirincho”.
¿Por qué de una posible prisión perpetua, la pena para Juan Bautista terminó reducida a 10 años? ¿Por qué no se llegó a la instancia de juicio por jurado y que un tribunal popular resolviera si el hijo de “Pirincho” era culpable o no? Fueron las dos principales preguntas que surgieron después del juicio abreviado.
El fiscal Javier Giaroli, en diálogo con Diario San Rafael, se expresó respecto de los interrogantes anteriormente planteados y aseguró que los elementos probatorios volcados al expediente fueron la clave para entender el fallo contra Contreras. Para el representante del Ministerio Público Fiscal, la muerte por infarto que sufrió “Pirincho” tuvo causalidad con los golpes que anteriormente le aplicó su hijo. Sin embargo, esa percepción que tuvo el fiscal no encontró aval ni en la forense que realizó la necropsia ni en el equipo de cardiólogos del hospital Schestakow que analizó la causa. “No se puede determinar la relación entre el infarto y los golpes”, aseveraron los profesionales médicos.
En virtud de lo anterior, Giaroli –independientemente de su hipótesis, vinculada a que Juan Bautista golpeó a su padre con intenciones de matarlo pero este no murió por los golpes sino por un infarto– corría serios riesgos si elevaba la causa a juicio y esta recaía en una audiencia de oposición. “Podía suceder que un juez técnico consideraba la opinión de la defensa de Contreras en relación a que no estaba probada la muerte de “Pirincho” por los golpes aplicados por su hijo y, ante esa situación, dar lugar a la absolución del acusado, sin siquiera llegar a juicio”, indicó el fiscal.
En ese difícil contexto, Giaroli empezó a madurar una “acusación subsidiaria”, que es aquella que se desprende del delito principal que se le endilga al imputado. En este caso, el acusador se ubicó sobre el “homicidio preterintencional agravado por el vínculo”, figura que da cuenta de una agresión de una persona a la otra, en la que el medio empleado o la forma de ejecutarla no debía, razonablemente, ocasionarle la muerte.
La nueva acusación tuvo el aval de la defensora Garciarena, pues también se arriesgaba a que no surgiera oposición de la elevación a juicio y Juan Bautista Contreras fuera juzgado por un tribunal popular, con todo lo que eso conlleva.
Giaroli, ante ese panorama, se reunió con familiares directos de “Pirincho”, quienes entendieron la situación y manifestaron su acuerdo, no solo con el juicio abreviado sino también con la pena que se le impuso a Juan Bautista.
En efecto, las pruebas iniciales contra Juan Bautista Contreras, surgidas de testimonios de vecinos y familiares que dieron cuenta de maltratos del sujeto hacia su padre; del accionar de los perros, que hallaron bacterias humanas que se desprenden de cadáveres en el interior de un placard de la casa de La Pichana; y de los golpes en la cabeza de “Pirincho”, signos de ataduras en manos y de haber sido arrastrado hasta el piletón donde apareció sin vida, contrastaron con la causa de muerte del septuagenario (infarto) y heridas superficiales en la cabeza, las cuales fueron ocasionadas con muy poca fuerza, ya que ni siquiera provocaron traumatismos.
De lo anterior, en resumidas cuentas, surgió el acuerdo entre Giaroli y Garciarena, la acusación por homicidio preterintencional agravado por el vínculo y la condena a 10 años de prisión que tendrá que cumplir Juan Bautista Contreras.