China insiste en tratar de intimidar a Taiwán

La isla de Taiwán -también conocida como la isla de Formosa, como fuera en su momento bautizada por los navegantes portugueses- ha estado políticamente separada de China continental desde 1949, cuando terminara la guerra civil que enfrentara entonces al nacionalismo del llamado “Kuomitang” con el Partido Comunista Chino.

En la práctica, desde entonces Taiwán se ha manejado como un verdadero Estado independiente, aunque lo cierto sea que ha sido tan sólo muy parcialmente reconocido como tal por parte de la comunidad internacional. Y que –por lo demás- nunca Taiwán declaró formalmente su propia independencia, presentándose más allá de toda duda, como Estado separado e individual.

Taiwán es un enorme milagro ejemplar de laboriosidad y esfuerzo, hijo de una sociedad moderna que defiende con comprensible empeño las libertades personales de su gente y no se agacha, ni titubea demasiado, frente a las que son constantes amenazas de invasión por parte del Partido Comunista Chino. 

Su actual presidenta, Tsai Ing-wen, es una notable mujer, de fuerte personalidad, que no deja dudas acerca de donde está parada. Particularmente en lo que tiene que ver con las disputas de soberanía.
Para la República Popular de China, el territorio de Taiwán es, en cambio, tan sólo una provincia más de su país, por ahora renegada.

El nivel de vida de quienes viven en Taiwán es ciertamente envidiable, desde que sus hoy más de 23 millones de habitantes tienen un ingreso anual per cápita del orden de unos 38.000 dólares, bastante ben distribuido.

En las últimas semanas, la República Popular China, que hoy compite con los EEUU por la hegemonía en el mundo, ha realizado importantes y amenazadores ejercicios militares en torno a Taiwán, que hoy tiene autoridades propias que reclaman claramente la independencia respecto del gobierno comunista del continente.

Taiwán no se ha intimidado. No es la primera vez en su corta historia que ello ocurre. Es, a la vez, desagradable e inevitable. Y ocurre que Taiwán sabe que cuenta con el apoyo militar de los EEUU, que abastece constantemente a Taiwán con toda suerte de armamentos modernos.

Desde el continente, el mensaje sin embrago es muy otro. Para Xi Jingping, el objetivo es “la unidad total”, que define como “el deseo colectivo de todo el pueblo chino”. Y es obvio que el que habita en la isla de Taiwán no coincide con ello, desde que aspira a poder seguir viviendo en libertad y sin el azote siempre perverso del autoritarismo.

China pone toda la presión que puede sobre los Estados que todavía reconocen la independencia de Taiwán. Pero no todos ceden necesariamente a sus permanentes embates.

La presión del régimen comunista es muy fuerte y en las últimas semanas ha incluido maniobras militares impresionantes al sudoeste de la isla, presunta y teóricamente “para proteger su soberanía y la integridad de su territorio”. A lo que uno de los voceros del Ministerio de Defensa chino agregó una amenaza dura, con las siguientes palabras, que son muy claras: “los que juegan con fuego, se queman”.

La actual administración republicana de los EEUU, ello no obstante, no ha dejado de señalar, cada vez que lo ha creído necesario, que defenderá militarmente a Taiwán, si de pronto ello fuera, en algún momento, necesario.

Pese a ello, lo cierto es que, para no contrariar innecesariamente a gobierno comunista de la República Popular China, los EEUU no reconocen formalmente la soberanía de Taiwán y han adoptado una política calificada como de “ambigüedad estratégica”, que a veces confunde a algunos de los observadores que, desde el exterior, siguen la evolución de este largo conflicto, que aún está obviamente muy lejos de haber encontrado el camino y la forma para poder ser resuelto, de una vez por todas. Pero, cabe recordar, los EEUU están legalmente obligados a tomar “acciones apropiadas” en caso de que de pronto ocurra un ataque chino a Taiwán.

Histórica visita

Recientemente Taiwán ha sido objeto de una publicitada visita de tres días consecutivos por parte del actual número dos del Departamento de Estado norteamericano, Keith Krach. El tema central de las reuniones realizadas durante esa importante visita fue una nueva venta de material militar de avanzada por parte de los EEUU a Taiwán. Hablamos de operaciones por unos 7 mil millones de dólares. Que se suman a los 8 mil millones de dólares de armamentos vendidos a Taiwán el año pasado.

La visita referida ha sido la más importante por parte de un alto funcionario del gobierno de los EEUU, en todas las últimas décadas. Y generó protestas airadas desde la República Popular China.

A la manera de visible desagrado, el gobierno comunista de la República Popular China hizo sobrevolar, durante la reciente visita del funcionario norteamericano antes mencionada, las inmediaciones del espacio aéreo de Taiwán por parte de dos enormes bombarderos, escoltados por nada menos que dieciséis aviones de caza. Imposible que esa flota aérea pasara inadvertida, por cierto. Los aviones de Taiwán salieron a su encuentro, pero felizmente no hubo incidentes, ni accidentes.

La semana anterior a esa visita, el régimen comunista de China había hecho asimismo enormes maniobras navales en el estrecho de Taiwán, con la inclusión de aviones especializados en la lucha contra los submarinos.

Nuevamente, para así presionar abiertamente, con cada vez mayor agresividad, a las más altas autoridades de Taipei. A lo que agregó una tan clara, como fuerte. advertencia a las autoridades norteamericanas, alertando de que “no usen a Taiwán” para controlar a su país. Lo que se agrega a la amenaza constante de “usar la fuerza, si ello fuera necesario”.

Se supone que en las próximas semanas los EEUU y Taiwán podrían suscribir un acuerdo comercial luego de haber ya superado el largo desencuentro sobre el comercio de carnes rojas, que ya ha sido superado. Y sumar a ello una nueva venta de significativos pertrechos militares, que ha sido ya negociada por las dos partes. Hablamos de siete diferentes sistemas de armas, incluyendo minas, aviones, misiles y drones de distintos tipos.

Manotazo en las islas más pequeñas

No sería raro que, aprovechando la inseguridad e inestabilidad que provoca en el mundo la pandemia del coronavirus, la República Popular China de pronto intentara pegar un duro manotazo sobre algunas de las islas más pequeñas que, a la manera de archipiélago, se ubican geográficamente en torno al microcosmo que emerge en torno a la isla de Taiwán, muy cerca del continente.

A muy pocos kilómetros de sus costas, como sucede por ejemplo con las islas Kinmen, cuyo tráfico y contactos con el continente ha crecido muy notablemente en los últimos años. Entre ellos, los que tienen que ver nada menos que con la provisión esencial de agua a la población de las islas Kinmen, con un acueducto submarino, a lo que se suma la de electricidad y gas natural. Todo lo que genera relaciones particulares entre ambas partes que son cada vez más profundas e intensas.

Tan es esto así, que hay hasta proyectos de clara trascendencia geopolítica, como el que propone construir un largo puente que comunique a las islas Kinmen con el continente, que ya están de alguna manera sobre la mesa, próximos a ponerse en marcha.

Para los desmemoriados, en 1958 China bombardeó intensamente a las islas Kinmen que alguna vez tuvieran a unos 100.000 soldados taiwaneses que entonces estaban instalados allí para, en su caso, poder tratar de defenderlas.

Todo cambia. Pero hay temas que se arrastran por largo rato en la historia, sin resolverse. El de Taiwán parece ciertamente ser uno de ellos.