Durante décadas, el Miracinonyx trumani cargó con el apodo de guepardo americano: cuerpo liviano, patas largas y una silueta que parecía calcada del veloz cazador africano. Un nuevo trabajo con ADN antiguo y fósiles del Yukón desarmó esa etiqueta y reubicó al animal en otra rama del árbol familiar de los felinos.
El parecido físico confundió durante mucho tiempo. En biología evolutiva eso tiene nombre: evolución convergente, el fenómeno por el cual especies sin parentesco cercano terminan con formas similares porque enfrentan presiones ambientales parecidas. El caso del Miracinonyx aparece hoy como uno de los ejemplos más claros.
Qué mostró el ADN antiguo sobre el Miracinonyx trumani
El dato decisivo llegó con el estudio publicado en la revista Current Biology. Los genomas antiguos analizados indicaron que el Miracinonyx trumani era un linaje hermano del puma moderno, con una separación estimada hace 2,6 millones de años. No es un guepardo extraviado en otro continente, sino un felino norteamericano con historia propia.
Eso no borra sus condiciones para correr. Lo que cambia es el retrato general: el animal combinaba rasgos que recuerdan al puma con otros que remiten al guepardo, una mezcla que hasta ahora quedaba tapada por el apodo popular.
Por qué los fósiles del Yukón sugieren peces en la dieta
El segundo hallazgo apareció en el trabajo difundido por la Universidad de California en Santa Cruz. Restos fósiles del Yukón, datados entre 23.000 y 31.000 años, apuntan a que las poblaciones del extremo norte tenían una dieta bastante menos previsible de lo que se suponía.
Según los investigadores, esos ejemplares podían aprovechar peces migratorios, probablemente salmones. La hipótesis encaja con un ambiente de veranos cortos, días muy largos y pulsos estacionales de alimento, donde la flexibilidad alimentaria resultaba más rentable que depender solo de la persecución en tierra.
La lectura más interesante es que la misma especie no vivía igual en todo su territorio. El frío intenso, la luz prolongada y los recursos estacionales del norte habrían empujado comportamientos de caza distintos a los del sur.
Con ese panorama, el Miracinonyx trumani deja de ser una copia ecológica del guepardo y pasa a ser uno de los depredadores más versátiles del Pleistoceno americano.
Fuente: Radio Mitre.


