Cierre de la ex Canale: “No había indicios de que esto fuera a pasar. Estábamos trabajando con normalidad, incluso habían contratado personal temporario”

La comunidad de Real del Padre se encuentra conmocionada por el reciente cierre de la planta de la ex Canale, una empresa emblemática en la región. El viernes 28, los empleados se encontraron con la sorpresiva noticia de que la fábrica cerraría sus puertas, dejando a 22 trabajadores efectivos y 16 temporarios sin empleo. Esta decisión, tomada por AVA S.A, la empresa propietaria desde hace cinco años, ha generado una ola de incertidumbre y preocupación entre los afectados y sus familias.
Daniel Jofré, uno de los ex empleados de la planta, compartió con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 su perspectiva sobre la situación. “No había indicios de que esto fuera a pasar. Estábamos trabajando con normalidad, incluso habían contratado personal temporario. De un día para otro, nos dijeron que la planta se trasladaría a Ugarteche y nos quedamos sin trabajo”. La noticia cayó como un balde de agua fría para los trabajadores, quienes se encontraban en medio de sus rutinas laborales habituales.
La opción ofrecida por la empresa para trasladarse a Ugarteche y continuar trabajando no ha sido viable para la mayoría de los empleados. “Somos todos gente grande, con nuestras vidas y familias aquí. No sabemos en qué condiciones trabajaríamos allá, si seríamos efectivos o temporarios”, señaló Jofré. La mayoría de los empleados tienen más de 40 años y han construido sus vidas alrededor de sus trabajos en Real del Padre. “Tenemos nuestras casas, nuestros hijos estudiando aquí. No podemos simplemente levantar todo e irnos”, agregó.
El impacto del cierre de la planta va más allá de los empleados directos. La fábrica de la ex Canale era una fuente de empleo significativa en una comunidad de aproximadamente 14.000 habitantes. “El pueblo se queda sin una planta tan importante como era Canale. Esto afecta también a los comerciantes y a toda la comunidad”, lamentó Jofré. Además, en los últimos tiempos, la localidad ha visto el cierre de otras instalaciones vitales, como el correo y varios secaderos, lo que agrava la situación laboral y económica de la zona.
AVA S.A, la empresa propietaria, adquirió la planta hace cinco años tras la quiebra de la anterior administración. “Nosotros arrancamos de cero, perdimos toda la antigüedad que teníamos con la empresa anterior. La indemnización que recibiremos ahora es mínima porque solo llevamos cinco años con AVA S.A”, explicó Jofré. Esta falta de una compensación adecuada ha intensificado la frustración y el sentimiento de injusticia entre los trabajadores. “La mayoría de mis compañeros lleva trabajando desde muy jóvenes. Perdimos nuestra antigüedad y ahora nos quedamos sin nada”.
El proceso de cierre ha sido rápido y meticulosamente planificado según el ex empleado. “Nos avisaron que estábamos sin trabajo y automáticamente cayó gente de seguridad privada para que retiráramos nuestras pertenencias. Nos acompañaron hasta la salida y nos dijeron que las indemnizaciones, la quincena y el aguinaldo se pagarán en los próximos días”, detalló Jofré. Pese a estas promesas, el futuro de los trabajadores sigue siendo incierto y muchos se preguntan cómo harán para encontrar nuevos empleos en una comunidad ya afectada por la desocupación.
Los efectos del cierre de la planta se extienden más allá de los empleados directos. “El pueblo se está quedando sin fuentes de trabajo. Cada vez hay más galpones vacíos y es muy difícil salir a buscar empleo en estas condiciones”, expresó Jofré con preocupación. El sentimiento de desamparo es palpable entre los trabajadores y sus familias, quienes ven cómo una parte fundamental de su comunidad se desmorona.
A pesar de la difícil situación, los empleados no han cesado en sus esfuerzos por hacer escuchar su voz. “Estamos manifestándonos para dar a conocer nuestra situación. No hay vuelta atrás con el cierre de la planta, pero queremos que se sepa lo que está pasando aquí”, afirmó. Las manifestaciones se han convertido en una forma de expresar el descontento y la desesperación que sienten los trabajadores y sus familias.