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Comerciantes expusieron su malestar por los cortes de calles de la obra en la vieja terminal

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María del Carmen es dueña de una pequeña playa de estacionamiento en una esquina transitada de la ciudad, más precisamente en las inmediaciones de Avellaneda y Coronel Suárez. Lo que solía ser un negocio estable, con una clientela fija, se ha convertido en una verdadera lucha comentó. Desde diciembre del año pasado, las obras de infraestructura de la vieja terminal han transformado la zona por los movimientos de máquinas, material y cortes, dejando a comerciantes como ella en una situación crítica.
“Arrancó el año pasado, en diciembre, y ahí nos tienen, parados. Nos largan un rato, nos paran, y así seguimos”, relató con evidente frustración al arrimarse al móvil de Diario San Rafael y FM Vos 94.5 la encargada de la playa de estacionamiento. “Y los gastos fijos, nadie se hace cargo. Estoy sola con todo esto”, comentó, destacando cómo el peso financiero recae completamente en sus hombros.
Su fuente de sustento que dependía del tráfico regular de autos y camionetas, ahora está desierto. “No va nadie, imagínate”, dijo, mientras detalla que lo poco que gana apenas le alcanza para cubrir los costos más básicos. “Tengo que sacar yo el gasto fijo para pagar la luz, que me han aumentado un montón. Pagué 162 mil pesos en la última factura”. Este monto, exorbitante para un pequeño comerciante, se ha vuelto una pesada carga, agravada por la caída en la demanda y el aumento en las tarifas de servicios.
Además de los problemas económicos, la situación también afecta su bienestar emocional. “Pido que me ayuden, porque acá no sé quién puede aguantar esto. Con compromiso, con gastos fijos… Es muy difícil”, explicó, señalando que la falta de apoyo la ha dejado en una posición vulnerable. Para María del Carmen, no se trata solo de esperar a que terminen las obras, sino de lidiar con la incertidumbre de no saber cuánto tiempo más podrá resistir.
“Podrían haber terminado esta parte de Coronel Suárez, haberla habilitado y haber arrancado con Avellaneda. No, cortaron las dos a la vez”, afirmó. Este desdoblamiento del trabajo ha bloqueado el acceso a su negocio desde múltiples direcciones, ahuyentando a los clientes que solían pasar por la zona. “Nos cortaron todas las posibilidades. No dejaron ninguna vía abierta”, añadió.
A pesar de los problemas, María del Carmen sigue recibiendo algunos vehículos, aunque en menor cantidad. “Yo cobro tarifa única, 1.500 pesos por autos y camionetas. Pero no hay movimiento. Puedo recibir bicicletas y motos también, pero no cambia la situación”. La reducción del tráfico vehicular en la zona ha sido devastadora para su negocio.
La mujer también lamenta que, una vez terminada la obra, probablemente no verá ningún beneficio directo. “Uno comprende que quieren hacer la obra, que va a estar re linda, hermosa, y va a beneficiar a todos. Pero a mí no me beneficia. Hoy tengo que hacerme cargo de todo esto, y cuando esto finalice, no sé si seguiré en el lugar”. La propiedad donde está ubicado su estacionamiento no le pertenece, lo que aumenta la incertidumbre sobre su futuro. “No es mío el terreno, no sé si seguiré trabajando ahí”, explicó con resignación.
Norberto, dueño de un kiosco ubicado en la zona, compartió también su preocupación por la baja en las ventas y el impacto negativo que el cierre de calles y el desvío del tránsito han tenido en su establecimiento. “Llevo 42 años con este kiosco, es un negocio familiar que heredé de mi padre, pero nunca había visto una situación tan complicada como esta”, señaló con visible desánimo a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. “El corte de tránsito nos está matando. Antes, los colectivos paraban acá, la gente bajaba, compraba algo en el kiosco. Ahora no pasa nadie”, agregó.
Norberto explicó que las ventas han caído en un 40% desde que comenzaron las obras de remodelación de la ex terminal que se transformará en un moderno centro comercial. “Entre la obra y la crisis económica, la cosa está muy difícil. En comparación con el año pasado, vendemos mucho menos. Por ejemplo, este invierno no se vendió casi nada de chocolate, y eso que en años anteriores era uno de nuestros productos más solicitados. La gente ya no compra como antes, y solo queda esperar que la obra termine lo más pronto posible”, comentó.


El comerciante se mostró preocupado también por los constantes aumentos de precios en productos básicos como las gaseosas, lo que ha reducido aún más el consumo. “Hace apenas 15 días, las bebidas subieron un 5%, y ahora otra vez nos llega un nuevo aumento del mismo porcentaje. Cada vez se vende menos porque la gente ya no tiene dinero para estos gastos”, indicó. “Hoy lo que más se vende en el kiosco son los cigarrillos, es lo único que sigue teniendo demanda”.
En cuanto al avance de la obra, que busca renovar la infraestructura de la zona y mejorar el flujo vehicular, Norberto expresó su optimismo a largo plazo, aunque con cautela. “Espero que cuando terminen las calles, todo vuelva a la normalidad. Este es un punto muy transitado de la ciudad y, si las cosas salen bien, tal vez podamos recuperar a nuestros clientes. Pero por ahora, seguimos esperando”, concluyó.

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