Julia “Lula” Villegas es una diseñadora con especialidad en indumentaria que vivía en San Rafael y trabajaba dando clases. También brindaba asesoramiento a emprendedores y realizaba otras tareas similares, hasta que un día pudo cumplir un sueño y viajó como voluntaria a Lixeira, una localidad de la capital de Angola. Después de esa experiencia enriquecedora, decidió quedarse a vivir allí y emplearse en una empresa textil.
En una entrevista que brindó a la emisora radial FM Vos 94.5, Villegas contó algunos de los detalles sobre cómo nació esta idea y las razones por las cuáles eligió quedarse a vivir en Angola, África.
«Nací en San Luis Capital, luego me vine a vivir a San Rafael. Hoy tengo 32 años, y desde hace un año que decidí volver a Angola para trabajar en una empresa textil. Antes hice dos años de voluntariado. En diciembre del año pasado, el mismo se estaba terminando, así que me ofrecieron trabajar en esta empresa, por lo que desde los primeros días de enero del 2022 estoy cumpliendo funciones aquí», explicó Villegas al principio de la nota.
«Tuve la suerte de tener una familia que estuvo relacionada siempre con las necesidades sociales. Además, en la escuela donde estudié teníamos muchos proyectos de este estilo. Y aunque mi profesión me fue llevando hacia otro camino, siempre me quedó el anhelo de colaborar con las necesidades de la comunidad. Entonces, antes de cumplir 30 años, decidí realizar un voluntariado. Mi consultor psicológico fue quien me hizo un contacto con una comunidad de Angola, ya que él había viajado antes. De este modo fue como se abrieron los caminos que me hicieron llegar hasta aquí», agregó.
Después, comentó algunas de las situaciones que más la impactaron al ingresar a ese país. «La verdad que es complicado. En Angola hace mucho calor y hay mucha humedad, puesto que queda en la parte sur del continente africano. Ahora estoy viviendo en Luanda, que es la capital. Antes hice un trabajo de voluntariado en una comunidad, un conglomerado similar a un barrio popular de Argentina. De todas formas, es un contexto totalmente diferente a lo que había vivido en nuestro país, donde también realicé tareas de ayuda comunitaria. En Argentina, volvía, me duchaba, comía algo rico y dormía en mí cama confortable. Aquí, vivía dentro de la comunidad en una localidad de Lixeira, que significa basural», expresó Lula.
«Es muy fuerte convivir con esa realidad las 24 horas del día. Uno no puede modificar esta realidad, tampoco las necesidades que tienen las personas. Se viene a acompañar y a ayudar con cosas mínimas, para lograr que sean un poquito más felices. Uno no resuelve ni el hambre ni la educación de una nación, pero puede compartir el tiempo con las personas y que este sea un poquito mejor», reflexionó.
«Hay mucha desnutrición infantil y enfermedades como paludismo. También me enfermé muchas veces. Fue una vivencia muy fuerte. Hay lugares donde hay muchísima pobreza y otros sitios con barrios privados. En las zonas pobres hay mucha agua estancada y residuales que generan enfermedades, las cuales se transmiten mediante la picadura del mosquito. No hay agua potable, y por eso hay muchos problemas de higiene. La fiebre tifoidea es un verdadero drama en Angola. La expectativa de vida es mucho menor que en Argentina y en Europa. La tasa de mortalidad infantil es muy alta. Muchas mamás mueren durante el parto, al igual que sus bebés recién nacidos», añadió.
También, explicó por qué decidió radicarse en ese país. «El trabajo surgió justo cuando empezó a circular la nueva cepa de África del Sur del COVID- 19. En ese entonces, varios países suspendieron los vuelos con Angola y me cancelaron dos viajes. Paralelamente me contactaron por WhatsApp, a través de la embajada argentina, y me consultaron si me interesaba instalarme definitivamente aquí y trabajar. Para mí fue algo mágico porque siempre me desempeñé como docente en el mundo de la moda y no en una industria, como ahora. Poder trabajar en una industria textil era algo que tenía pendiente dentro de mi profesión. Siento que me queda mucho camino por recorrer en este país para seguir aportando mi cuota de colaboración», sostuvo Julia.
«Considero que me quedan muchas cosas por hacer. Es una sociedad machista, y las mujeres no acceden mucho a la educación. Quedarme acá trabajando, es poder continuar con el voluntariado, pero desde otra perspectiva. Actualmente en la fábrica trabajo con 200 angolanos y pregono que se capaciten. Quiero que aprendan un poco más y que se empoderen las mujeres. Por eso trato de ayudarlas con nuevos conocimientos», precisó.
Para finalizar, comentó sus sensaciones vividas al celebrar la obtención del título mundial de fútbol de la Selección Argentina. «Nos dimos cuenta de que aquí somos una comunidad muy reducida de argentinos. Fue una sensación extraña festejar a tantos kilómetros lejos de Argentina, con personas que mucho no conocés pero que aman a Messi, aunque no sea un pueblo muy futbolero», cerró.







