Comprar elementos robados, tan antisocial como robar

La gran cantidad de robos contra viviendas que a diario se producen actualmente en San Rafael, con el desvalijamiento de las mismas y la sustracción de una cantidad impresionante de bienes por parte de los delincuentes, depara además otra situación antisocial: la compra y venta de los elementos robados.

Así, las autoridades creen y la sociedad en su conjunto observa claramente que muchos de los bienes que son sustraídos de las viviendas atacadas por los ladrones son luego comercializados entre la propia comunidad. Es más, los estudiosos del fenómeno estiman que, de no ser así, no se producirían tantos robos, puesto que muchos delincuentes dejarían de “hacer negocio” con esa actividad ilícita.

Desde electrodomésticos y artículos tecnológicos hasta bicicletas o motos, pasando por ropa y hasta herramientas, todos los bienes que forman parte del botín de un robo pueden ser comercializados en el mercado negro que, a la vista está, existe. De hecho, desde el Gobierno provincial habitualmente recomiendan a través de campañas publicitarias el célebre “no compre robado”, a sabiendas de que allí existe un punto clave en la lucha contra la inseguridad ciudadana.

Vernos sorprendidos en nuestra buena fe a la hora de comprar un elemento de dudosa procedencia es posible pero poco probable en tiempos de plena comunicación e información. En su gran mayoría, quienes compran cosas robadas saben o intuyen que eso es así por las características de la transacción (precio, falta de documentación, etc.).

Ante ello, ese tipo de conductas no solo determinan una eventual participación en un delito –de hecho, quien compra algo robado es considerado cómplice– sino que, además, son una clara muestra de desprecio por el prójimo y por la idea de comunidad organizada. Como si ello fuera poco, quienes hoy compran un elemento sustraído ilegalmente deberían saber que el día de mañana también podrían convertirse en víctimas de los ladrones.