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Conductores al mando del peligro: el consumo de alcohol, la pérdida de la racionalidad y los valores humanos en la seguridad vial

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Un trágico hecho volvió a conmover a la provincia: un peatón de 42 años murió de forma instantánea tras ser embestido en la localidad de Fray Luis Beltrán, Maipú, por un automovilista que se dio a la fuga y chocó a las pocas cuadras. Las pericias posteriores confirmaron el estado del imputado: el test de alcoholemia al conductor arrojó un nivel de 2,6 gramos de alcohol en sangre. Este desenlace volvió a poner en el centro de la escena la dramática problemática de los conductores alcoholizados en las calles mendocinas. De acuerdo con datos oficiales de los controles de tránsito en la provincia en lo que va del año, más de 2.200 automovilistas arrojaron alcoholemia positiva, de los cuales 1.056 superaban el gramo de alcohol por litro de sangre, más del doble del límite legal permitido.

En diálogo con FM Vos (94.5), Rogelio Guerrera, técnico alvearense especializado en Niñez, Adolescencia y Familia, analizó las causas psicológicas, neurológicas y morales de esta conducta, la falta de dimensión del riesgo, la preocupante cifra de muertes viales a nivel nacional y planteó la necesidad urgente de reformular los programas educativos para prevenir las adicciones de forma sistemática.

La paradoja de los controles y la dimensión de una tragedia latente

Para el especialista, los registros de más de dos mil casos detectados representan solo una fracción de la realidad en las calles. La cifra total revela una conducta colectiva de alto riesgo que convierte a la vialidad en un escenario de peligro constante. “Si hubiese más controles estaríamos con cifras mucho más altas, sin lugar a duda, porque si nos pusiéramos afuera de cualquier lugar de esparcimiento nocturno no quedaría nadie sin ser detenido. Esto te habla de que hay una bomba a punto de explotar, porque las personas con más de un gramo de alcohol por litro de sangre están muy comprometidas en sus reacciones”, explicó durante la nota.

Que no ocurra un accidente es una cuestión de suerte hasta que finalmente sucede. Es como pasar a 180 kilómetros por hora por una avenida, en algún momento el choque ocurre. En Argentina mueren casi 11 personas por día por accidentes viales; es una cifra enorme. Hay que seguir insistiendo para que la gente abra los ojos, porque es la única forma de visibilizar la gravedad del tema”, sostuvo Rogelio Guerrera con preocupación.

La química del consumo: cómo el alcohol inhibe la corteza frontal y destruye la percepción del riesgo

Guerrera explicó el impacto neurobiológico de la ingesta de alcohol en el cerebro humano, detallando de qué manera la pérdida de la capacidad racional conduce a imprudencias severas y elimina la fuerza de voluntad. “El alcohol muchas veces se utiliza para desinhibir o conectar, utilizándose en edades tempranas como un pase social para relacionarse, sobre todo en personas tímidas. Lo que hace el alcohol es que la corteza frontal, que es la parte racional que tenemos, deje de funcionar correctamente para que empiece a operar la parte límbica, es decir, la parte instintiva. Una vez que consumís el vaso de alcohol, dejás de tener fuerza racional”, explicó.

“Por eso con los pacientes adictos hay que prohibir el alcohol, aunque su consumo principal sea otro. El alcohol hace que pierdas la racionalidad y la fuerza de voluntad de la corteza frontal. Al tomar, las defensas bajan y la persona pierde la capacidad de decir que no. La inteligencia pierde la fuerza sobre los impulsos; por eso los jóvenes manejan de cualquier manera, pierden la sensación de riesgo y creen que no les va a pasar nada, porque no hay racionalidad sino puro impulso”, dijo Rogelio Guerrera.

Rogelio Guerrera, técnico alvearense especializado en Niñez, Adolescencia y Familia, analizó las causas psicológicas, neurológicas y morales de esta conducta

El trasfondo moral y la educación en virtudes dentro de la familia

Más allá de la ingesta de sustancias, el profesional remarcó que las infracciones y las conductas temerarias derivan de una crisis de valores humanos, donde el desenfreno y la búsqueda de vértigo no encuentran contención en el núcleo familiar ni en la sociedad. “Este es un problema de la moral relacionado con las virtudes y los valores humanos. Le pedimos a la gente que cumpla normas, pero no le damos los fundamentos”, señaló.

Uno como padre se plantea dónde tiene que apuntar. Hay un gran trabajo que tenemos que hacer en las virtudes humanas, en cómo relacionarnos con las cosas. Los griegos hablaban de la medida y la virtud en la relación con la comida, la bebida y con uno mismo. Hoy vivimos en una sociedad de desenfreno que busca el vértigo en la velocidad, en las compras o en los consumos. Todo se manifiesta bajo el parámetro del exceso no medido. En eso tenemos que hacer un gran planteo educativo uniendo a la familia y al sistema formativo. Tampoco hay que contraponer la ciencia con lo religioso; la fe y la psicología pueden sumar muchísimo juntas para abordar los consumos y la interioridad del ser humano”, aseveró el técnico en Niñez, Adolescencia y Familia.

Propuesta de reforma pedagógica: evolucionar la ESI hacia la prevención de adicciones

Frente al panorama actual, Rogelio Guerrera propuso ante las autoridades educativas nacionales y provinciales transformar los espacios curriculares vigentes para abordar de forma continua las problemáticas adolescentes reales, incorporando la empatía y la concientización sobre los riesgos viales. “He propuesto al Sedronar y a la provincia hacer una modificación y profundizar la materia ESI para transformarla en ‘Problemática Adolescente Actual’. La idea es darle más volumen a ese espacio: los profesores y el horario ya existen, por lo que se requiere capacitar a los docentes y tocar estos temas de manera sistemática, no solo una vez al año en el Día de la Lucha contra las Adicciones”, destacó.

Hay que trabajar sistemáticamente en la mente de los alumnos con ejemplos concretos: analizar accidentes reales, evaluar las personas afectadas y ayudar a que los chicos desarrollen empatía antes de salir a la calle. Si a un joven se le enseña a cuidarse, pero no se trabaja sobre el consumo de alcohol, al momento de tomar pierde la racionalidad y deja de lado cualquier prevención o autocuidado. Sin repetición, educación profunda y trabajo sobre los consumos, no hay forma de generar autocuidado en la juventud”, manifestó sobre el final de la entrevista.

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