Conectividad aérea, desarrollo y futuro: la política y el empresariado sanrafaelino, en deuda

Esta madrugada el aeropuerto Francisco Gabrielli, de la Ciudad de Mendoza, fue escenario del primer vuelo directo entre nuestra provincia y Punta Cana (República Dominicana), uno de los principales destinos del Caribe y muy demandado por los argentinos.
De esta manera, Mendoza sumó “otra estrella” respecto a la oferta de vuelos internacionales que ofrece y que la consolida cada vez más en un mercado competitivo y que genera un fuerte desarrollo económico y comercial.
Y San Rafael, ¿para cuándo?
La diferencia entre lo que ocurre entre el principal aeropuerto provincial y el segundo, en términos estructurales, no es solamente simbólica. Mientras el aeropuerto internacional de Mendoza amplía rutas, frecuencias y destinos internacionales, San Rafael sigue dependiendo exclusivamente de una única conexión diaria con Buenos Aires, una limitación que condiciona tanto al turismo como al desarrollo económico y productivo de toda la región.
Si bien el aeropuerto sanrafaelino atraviesa actualmente una obra de ampliación, los avances han sido lentos y, hasta el momento, la única obra concluida e inaugurada fue la remodelación integral de la pista a principios de 2023. Pero la infraestructura aeroportuaria, por sí sola, no alcanza para modificar la realidad si detrás no existe una estrategia clara y sostenida de desarrollo.
Porque un aeropuerto no transforma una ciudad únicamente por tener mejores instalaciones; lo hace cuando existe una decisión política, empresarial e institucional de convertir esa herramienta en una plataforma de crecimiento regional.
Y allí aparece quizás uno de los principales desafíos pendientes de San Rafael: comprender que la conectividad aérea dejó de ser un lujo o una discusión secundaria para convertirse en un eje central del desarrollo regional. Hoy las ciudades que crecen no son solamente las que producen más, sino también las que logran integrarse mejor al mapa de conexiones nacionales e internacionales.
Nadie duda del potencial turístico, productivo, comercial, gastronómico y natural que tiene San Rafael, e incluso una identidad propia que podría posicionarlo con más fuerza dentro del país. Pero para eso hace falta algo que históricamente ha costado: una mesa común entre política, cámaras empresarias, sector turístico y actores institucionales, capaz de sostener objetivos estratégicos más allá de las diferencias partidarias o ideológicas.
Es que mientras otras regiones discuten cómo captar nuevas rutas aéreas y sumar más aerolíneas que sean parte de sus terminales aéreas, ampliar frecuencias y generar hubs de conexión, aquí muchas veces la agenda queda absorbida por disputas menores o miradas de corto plazo. Y el mercado aerocomercial no espera. Las oportunidades van hacia los lugares que muestran organización, previsibilidad y capacidad de gestión conjunta.
La discusión ya no debería limitarse a “tener más vuelos”, sino a definir qué modelo de ciudad quiere construir San Rafael para las próximas décadas. Un destino aislado, sostenido únicamente por el turismo de cercanía y la conectividad terrestre, o una ciudad integrada a circuitos nacionales e internacionales que le permitan atraer inversiones, eventos y nuevas oportunidades económicas.
Ese desafío excede a cualquier intendente, gobernador o empresario individual. Requiere madurez colectiva y visión estratégica. Entender que hay temas —como la conectividad aérea— que deberían transformarse en verdaderas políticas de Estado regionales, sostenidas en el tiempo y defendidas por todos los sectores.