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Coparticipación en caída: el impacto del desplome económico en las ventas repercute drásticamente en las arcas provinciales y municipales

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La economía argentina atraviesa un escenario de contrastes profundos, donde la estabilidad cambiaria y la baja de la inflación conviven con un desplome de la actividad que ya golpea las arcas provinciales. Nicolás Aroma, economista especializado en finanzas públicas, analiza el impacto de la caída de la coparticipación, el ahogo financiero de las provincias y la encrucijada de un plan económico que, para sostener sus anclas, sacrifica el consumo y la rentabilidad de las pymes.

Ante el declive de los fondos nacionales, las provincias han comenzado a solicitar anticipos de coparticipación para cubrir sus obligaciones inmediatas, una estrategia que Aroma definió como un síntoma de un problema estructural. «Mendoza y el resto de las provincias están sufriendo una fuerte caída de recursos porque la base imponible sobre la cual se recaudan los impuestos nacionales se está desplomando. El ajuste es tramposo; técnicamente decimos que es procíclico. Te encierra en una trampa: caen los recursos y, para equilibrar las cuentas, recortás el gasto, pero ese recorte genera aún menos actividad y, por ende, una nueva caída de recursos. Es un tiro en el pie», graficó el experto al inicio de la nota.

«Las provincias hoy piden adelantos para gastar hoy lo que deberían recaudar en el futuro, solo para cubrir baches como el pago de deuda, donde Mendoza no tiene una posición precisamente relajada», añadió.

Una recesión de dos velocidades

En otro tramo de la comunicación con FM Vos 94.5, el economista señaló que los números positivos que exhibe el Gobierno nacional no permean al grueso de la economía real, generando lo que denominó una «recesión heterogénea» que afecta de forma desigual a los distintos motores productivos. Según su visión, el crecimiento que muestran las estadísticas oficiales se concentra en nichos específicos, mientras el resto del entramado productivo se detiene.

«Hay tres sectores impulsores que impactan positivamente en el promedio: energía, minería y un sector agropecuario fuerte. Eso es real y se valora, pero el resto de las actividades están mal. Es una economía de dos velocidades donde la mayoría de los rubros no logran traccionar», observó.   Dentro de este escenario, el especialista consideró que existe un error en pedir la baja de impuestos como medida aislada. «Escucho a las cámaras empresarias pedir esto y, en este contexto, es dificilísimo. No hay margen fiscal, porque para bajar impuestos primero deberías volver a reducir el gasto público, lo que terminaría profundizando aún más la recesión. El diagnóstico y la solución deberían ir por otro lado», opinó.  Asimismo, el análisis apuntó al ancla salarial como el principal freno a la reactivación del mercado interno. «El gran problema de la demanda hoy es un nivel salarial muy por debajo de lo necesario para que la economía reaccione. El Gobierno ha fijado esta ancla y un techo a las paritarias para frenar la inflación, pero el costo es evidente: sin consumo interno y sin plata en el bolsillo de la gente, las pymes simplemente no tienen a quién venderle sus productos», sentenció el economista.

Nicolás Aroma

El dólar y la dependencia geopolítica

A pesar de la recesión, el clima de relativa calma social se sostiene sobre un dólar estable, aunque Aroma advirtió sobre la artificialidad de esa quietud. «El dólar está estabilizado en torno a los 1.400 pesos y es una de las anclas principales contra la inflación. Pero hay que decir que esto fue posible por un apoyo geopolítico claro de Estados Unidos, que inyectó fondos en un momento crítico. No fue una forma genuina de lograrlo, aunque ahora se esté empezando a recomponer las reservas vía exportaciones», admitió.   «Muchos sectores piden devaluar porque este tipo de cambio es poco competitivo, pero si devaluás, se termina la baja de la inflación. Es una cuestión de equilibrio general que el Gobierno maneja con fundamentalismo», agregó.

Inflación cero como prioridad: la hoja de ruta innegociable del Gobierno nacional

A pesar de sus discrepancias técnicas, el economista Nicolás Aroma reconoció la transparencia que el Poder Ejecutivo ha mantenido respecto a su hoja de ruta, aunque marca un fuerte contraste entre esa rigidez y las demandas de ciertos sectores empresarios que esperaban un alivio inmediato.   Para el especialista, el Gobierno ha sido claro al establecer la inflación como prioridad única, dejando en un segundo plano otras variables fundamentales. «El plan del Gobierno es este y siempre lo expresó así: bajar la inflación a cualquier costo. El resto de las variables —la actividad pyme, el empleo o el consumo interno— es considerado simplemente un residuo del plan; daños colaterales en pos del objetivo mayor«, consideró.   En ese sentido, su análisis destacó una marcada falta de pragmatismo en la gestión de las herramientas económicas tradicionales. «Un economista pragmático iría tocando diferentes botones para intentar equilibrar el ciclo recesivo y que la caída no sea tan estrepitosa. Sin embargo, aquí se decidió de antemano que el costo de bajar la inflación lo pague exclusivamente la actividad económica. Es una postura totalmente coherente con lo que prometieron en campaña, aunque el costo social sea el que hoy estamos viendo reflejado crudamente en la calle», expresó el entrevistado.

El desafío de la reactivación

Finalmente, Aroma planteó que no habrá una mejora en los niveles de rentabilidad si no se recupera primero el volumen de ventas, algo imposible con los salarios actuales. «Antes de recalibrar costos o pedir bajas de Ingresos Brutos, las empresas necesitan ventas sólidas. No hay ninguna posibilidad de cambiar el rumbo de la actividad económica si no se cambian los fundamentos del plan. Hoy hay cierta tranquilidad porque el dólar está quieto, pero cuando eso salte, la cosa cambia rotundamente», anticipó.   «No se puede salir de la recesión con herramientas ínfimas; se necesita recuperar la masa salarial para que el mercado interno vuelva a traccionar», determinó hacia el cierre de la conversación.

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