Desde hace tiempo, la corrupción se ha tornado en una herramienta de lucha política que incluye la doble vara mediática y el pacto social tácito que tolera irregularidades.
Los que hasta ayer se rasgaban las vestiduras y hoy no las encuentran para taparse porque los corruptos son los propios, comprenden hoy en la piel que resulta prácticamente imposible que en organizaciones en las que intervienen miles de personas y se manejan recursos multimillonarios no aparezcan los desvíos de fondos justificados con el caballito de batalla del financiamiento de la política, es decir del funcionamiento de la propia organización. Decirlo no implica banalizar el problema, mucho menos llegar a la conclusión sonsa de que “todos roban” o a la simplificación de que “es inherente al sistema”. Los desvíos de fondos son un problema real a combatir en cualquier organización, y no sólo por razones morales.
Para la memoria reciente, el kirchnerismo habría sido la quintaesencia de la corrupción. A Cristina Fernández, que se encuentra presa, sus antagonistas la llaman “la chorra”. En la década del 90, en tanto, los medios de prensa denunciaban la corrupción menemista. Por estos días, la difusión del nada novedoso modus operandi de lo que sería una extendida red de corrupción en el seno del gobierno mileísta, veremos si los medios de comunicación también hacemos lo nuestro como lo hicieron (hicimos) en las anteriores ocasiones de sospechas de corrupción.
Asimismo, y como ya sucedió en varios momentos durante el último medio siglo, como mínimo, a la sociedad en general no parece importarle mucho la corrupción en tanto a la economía le vaya bien. Parece dispuesta a un pacto social de tolerancia frente a quién se queda con algún vuelto y algo más si el modelo económico no le afecta el bolsillo, pero todo cambia cuando a la economía le va mal. Las denuncias de corrupción contra el menemismo y el kirchnerismo comenzaron a ser un factor electoral recién cuando aparecieron los problemas económicos.
La doble vara es cada vez más evidente: en dirigentes y en dirigidos. Y así nos va.





