San Rafael, una ciudad que fue epicentro de las estafas piramidales, hoy parece haber hecho borrón y cuenta nueva. Mientras Leonardo Cositorto enfrenta 12 años de prisión por Generación Zoe o Zoe Capital, en estas tierras las huellas de las “Ponzis” siguen ocultas bajo la alfombra.
Entre 2020 y 2021 San Rafael fue el escenario de una de las grandes estafas piramidales que sacudió a miles de sanrafaelinos, hoy todos parecen “desentendidos”, actuando como si nada hubiese pasado.
Hace unos días el “creador” Cositorto, fue condenado a 12 años de prisión, aquí las secuelas del fraude parecen haberse desvanecido en el aire.
Los ecos de aquellas promesas de «autonomía financiera» y «dinero fácil» resuenan, pero la ciudad avanza como si nada hubiera pasado.
Durante muchos meses, San Rafael fue la «capital del Ponzi», un título que arrastró consigo una ola de damnificados, una serie de historias rotas y sueños aplastados.
Y ahora, mientras las víctimas siguen sin respuestas, la comunidad parece haber elegido olvidar. Pasamos del “epicentro de la piramidal” al “modo avión”.
El silencio es palpable, y aquellos que promovían los esquemas fraudulentos han optado por esconderse en las sombras, algunos incluso «poniendo cara de póker», como si nunca hubiesen jugado con el dinero ajeno.
Los sanrafaelinos que confiaron sus ahorros en «Ganancias Deportivas», (GD cuando dejó las apuestas y mutó a un supuesto «Forex)», hoy no tienen más que recuerdos de promesas incumplidas.
Pasaron algunos años de aquellos audios virales que promovían “autonomía financiera” o “poner a trabajar tu dinero” para vivir una vida de lujos sin “agarrar la pala”. Incluso se llegó a acusar de incrédulos, agoreros del mal o “poco inteligentes” (por decirlo de una manera sutil).
Pocos se presentaron a declarar ante la justicia, y más fácil fue dejar que el tiempo se encargara de la desmemoria colectiva.
Más allá del esquema de GD hay que recordar que la propia Zoe Capital, ubicada estratégicamente en un piso completo del West Mall, pasó a ser simplemente una página olvidada en la historia local.
Las voces que un día acusaron a los escépticos de «incrédulos» o «poco inteligentes» ya no resuenan. Ahora, la ciudad guarda silencio.
Leo Cositorto, tras las rejas, afronta la consecuencia de sus acciones, con fechas de juicio pendientes en otras provincias como Salta y Córdoba, mientras en San Rafael la estafa sigue sin ser completamente resuelta.
La justicia local sigue su curso, pero la sociedad ha decidido mirar hacia adelante, dejar que «el viento se lleve las sombras» y caminar sin mirar por el retrovisor.
Sin embargo, las cicatrices que dejó esta gran estafa, que separó familias y quebró amistades añosas, permanecen en el aire, invisibles pero presentes.







