Costumbres, ciencia y modernidad

En nuestra edición de ayer informábamos acerca de una nueva campaña, por parte del Departamento de Veterinaria municipal, para el control y la prevención de enfermedades parasitarias como la triquinosis. Por estos días, el organismo está citando a quienes realizan carneos para que analicen la carne que utilizan en los mismos, remarcando la necesidad de realizar las prácticas higiénicas que garanticen la inocuidad de las faenas, fundamentalmente aquellas que se realizan de manera artesanal.
En comunidades como la nuestra, las tradiciones suelen estar ampliamente extendidas. Nuestra idiosincrasia y nuestro carácter -que los foráneos consideran hasta conservador- hacen que nos vayamos transmitiendo esos usos y costumbres entre las generaciones.
Asimismo, en una zona productiva primaria como la nuestra, las actividades “de campo” tienen una amplia recepción en el resto la comunidad. Desde los modos en que se trabajan las fincas hasta cómo se elaboran sus productos, esas conductas han trascendido en el tiempo y se han establecido como paradigmas a seguir, incluso en los habitantes citadinos.
El admirable desarrollo que vislumbrara nuestro ámbito productivo en sus albores hizo que sus “formas” llegaran hasta nuestros días. Sin embargo, el correr del tiempo ha hecho que nuevas técnicas y conocimientos científicos puedan y deban utilizarse para optimizar esas prácticas.
Desde técnicas de riego, la protección de los cultivos, hasta el asociativismo o, como en este caso, los cuidados que deben tenerse desde lo bromatológico para realizar tareas de carneo o conservas, el presente depara aportes que deberían ser tomados en cuenta y utilizados para mejorar.
Ni todo tiempo pasado fue mejor ni todo lo viejo es malo. Dejar de lado los dogmas y buscar una mayor y mejor capacitación (y evitar riesgos en la salud) parecieran ser fundamentales para que los valiosos aportes que nos ha brindado la tradición puedan ser enriquecidos con aquellos datos que la modernidad nos otorga.