Coviar: “Los productores corren el mayor riesgo y es fundamental asegurar su rentabilidad”

La industria vitivinícola argentina cerró el 2024 con un balance positivo pese a los desafíos económicos y productivos. Mario González, titular de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), destacó la necesidad de reducir la carga impositiva y abrir mercados para fortalecer la competitividad del sector, subrayando que la rentabilidad es clave para sostener el trabajo de miles de productores y bodegas a lo largo del país. Según González, si bien la industria ha mostrado resiliencia, es fundamental que las políticas acompañen este esfuerzo para asegurar su crecimiento sostenido.


El año 2024 finalizó con una leve caída del 1,2% en el consumo interno de vino, un dato alentador si se compara con la disminución de hasta el 18% en otras bebidas y productos de consumo masivo. “El mercado interno es fundamental para nuestra industria, y si bien la pérdida de poder adquisitivo impacta, logramos mantener la estabilidad”, señaló González a Diario San Rafael y FM Vos 94.5.
En cuanto a las exportaciones, el sector registró un crecimiento superior al 15% en los productos derivados de la uva, recuperando parte del terreno perdido en 2023. Sin embargo, según explicó el dirigente dela COVIAR, estos números no deben generar una falsa sensación de seguridad, ya que la competencia internacional sigue siendo muy desafiante y cualquier variación en los costos internos puede afectar seriamente la posición de Argentina en los mercados externos.
Sin embargo, el dirigente advirtió sobre la urgencia de mejorar la competitividad a nivel internacional: “Cada centavo cuenta cuando salimos al mundo. Nos entusiasman los discursos sobre desburocratización y baja de impuestos, pero es necesario que estas medidas se implementen con rapidez para sostener nuestro crecimiento”. La carga tributaria sigue siendo uno de los principales reclamos del sector, ya que encarece el precio final de los productos y dificulta la competencia con otros países productores que cuentan con estructuras más flexibles y menos carga impositiva. En este sentido, González remarcó que las condiciones de exportación deben mejorar para garantizar que el vino argentino pueda mantener su prestigio y expandir su presencia global.
El consumo de vino a nivel global enfrenta una tendencia a la baja, lo que obliga a la industria a adaptarse. “El consumidor busca diversidad, productos con menor graduación alcohólica y más fáciles de tomar. La industria trabaja para ofrecer nuevas alternativas, pero es un proceso que llevará años”, explicó González, resaltando la importancia de estrategias diferenciadas para cada segmento del mercado. En este sentido, las bodegas han apostado por la innovación en presentaciones, la promoción de nuevas categorías de vino y el desarrollo de productos pensados para nuevos consumidores. “No se trata solo de cambiar etiquetas o envases, sino de entender qué está buscando el consumidor actual y cómo podemos acercarnos a él”, agregó.
En cuanto a la situación de los productores, el titular de la Corporación Vitivinícola Argentina señaló la necesidad de lograr una mayor integración con el sector industrial. “Los productores corren el mayor riesgo y es fundamental asegurar su rentabilidad. La estabilidad del sector depende de un equilibrio en la cadena de valor, donde tanto productores como bodegas puedan sostenerse económicamente”, afirmó. Según González, la vitivinicultura argentina ha atravesado numerosos desafíos climáticos y económicos en los últimos años, por lo que es fundamental establecer acuerdos sostenibles que protejan tanto a los viñateros como a la industria en su conjunto. “Si queremos que la actividad prospere, es imprescindible que todos los eslabones de la cadena sean rentables y puedan proyectar a futuro”, agregó.
González enfatizó la importancia de fortalecer mercados internacionales y diversificar el destino de la uva para equilibrar la oferta y la demanda. “Esperamos que este año se abran nuevas puertas en el exterior y que productos como la pasa de uva continúen ganando relevancia”. La exportación de productos derivados de la uva, como el jugo concentrado y las pasas, se ha convertido en una vía estratégica para aprovechar al máximo la producción y reducir la dependencia exclusiva del vino embotellado. “Es clave que podamos posicionar estos productos en mercados que los demandan y así diversificar nuestras oportunidades de negocio”, remarcó.
El desafío para el 2025 será consolidar las mejoras y profundizar las estrategias para sostener el crecimiento del sector. “El objetivo es claro: que todos los actores de la vitivinicultura puedan vivir dignamente del esfuerzo que realizan día a día”, concluyó. A medida que el sector se enfrenta a nuevos desafíos, la articulación entre el sector privado y las autoridades será fundamental para garantizar un desarrollo sostenible y competitivo para la industria vitivinícola argentina.