Crisis hídrica y responsabilidad ciudadana

La crisis hídrica que vive nuestra provincia y que se encamina a la década de existencia obliga a las autoridades a repensar acciones en pos de cuidar un elemento tan vital como escaso: el agua. Así, desde el Departamento General de Irrigación, la empresa Aguas Mendocinas y las diferentes cooperativas que manejan el agua, tanto para las actividades económicas como para el consumo humano, vienen desarrollando diferentes estrategias a fin de optimizar el uso del líquido.
No obstante, y de acuerdo a lo que arrojan algunos estudios relacionados con la materia, no todos los ciudadanos mendocinos han comprendido la gravedad de la situación o, al menos, no les interesa participar del cuidado del agua. Así, y de acuerdo a los guarismos que maneja –por caso- Aguas Mendocinas, hoy cada mendocino consume unos 400 litros de agua por día, en promedio. Para que quede clara la problemática, las autoridades estiman que el consumo lógico es de 250 litros/persona por día. El ideal y la realidad muestran palmariamente el abuso que muchos de nosotros concretamos a la hora de (mal) utilizar el agua.
Ante esta situación, que los funcionarios estiman “insostenible”, Aguas Mendocinas ha planteado la posibilidad de comenzar a implementar un sistema de sanciones económicas a aquellos comprovincianos que utilicen más agua de la necesaria. De ser aprobado, el proyecto deberá atravesar, no obstante, varias aduanas –algunas de ellas culturales- hasta lograr su objetivo de evitar el abuso hídrico. Por su parte, a la empresa le corresponderá evitar las habituales pérdidas en las cañerías que le pertenecen y establecer un sistema justo de medición.
Así como la mayoría de los que vivimos en esta tierra hemos comprendido la importancia de racionalizar y cuidar el agua tal como hicieron nuestros pioneros a la hora de convertir el desierto en un vergel, otros muchos siguen desarrollando conductas que muestran a las claras su despreocupación por un presente de escasez.
El saber popular indica que “uno valora lo que tuvo una vez que lo perdió”. Si eso nos ocurre con el agua, el futuro mendocino es realmente sombrío.