Bolivia atraviesa un complejo escenario de conflictividad social y baches de abastecimiento tras las severas reformas económicas impulsadas durante el primer tramo de gestión del presidente Rodrigo Paz. Lo que comenzó como un reclamo por el encarecimiento del costo de vida derivó en un virtual bloqueo de los accesos a La Paz y El Alto. En diálogo con FM Vos 94.5, el analista de política internacional Augusto Grilli Fox detalló las variables macroeconómicas del conflicto, evaluó el verdadero peso de la figura de Evo Morales en las protestas, descartó que se trate de un intento de golpe de Estado y advirtió sobre las tensiones diplomáticas que el fenómeno genera en el mapa latinoamericano.
Las medidas económicas orientadas a desmantelar el histórico esquema de subsidios de la economía boliviana impactaron de lleno en los eslabones más desprotegidos del sistema productivo, activando una inmediata respuesta gremial e indígena en las calles. «Lo que se puede identificar en sus principales rasgos es lo que representa el traspaso directo de una crisis económica a una crisis política estructural, en relación con lo que son estos primeros meses del gobierno de Rodrigo Paz. El mandatario buscaba inicialmente una propuesta de ‘capitalismo para todos’, pero diversos sectores le reclaman haber tomado medidas con una profundidad que dejó de lado las necesidades fundamentales de la sociedad. Es ahí donde se generan las críticas, principalmente por el aumento general en los alimentos —con una inflación del 12,6% acumulada en cinco meses— y los saltos abruptos en el valor del combustible, que ronda el 7% en la nafta común y cerca de un 200% de incremento en el diésel», precisó Grilli Fox al comienzo del reportaje.
«En una economía que es profundamente informal, estos recursos son fundamentales para la generación del sustento cotidiano. La reacción se tradujo en una política de protestas con reclamos y tomas en la zona de La Paz y El Alto, registrando alrededor de 32 cortes de ruta simultáneos que han dejado doblegadas a las fuerzas de seguridad por la masividad de los focos», añadió.

El factor Evo Morales: entre las causas judiciales y el relato oficial
Si bien desde el Palacio Quemado se señala de forma constante al expresidente Evo Morales como el único arquitecto detrás del descontento callejero, el análisis político sugiere que la raíz del conflicto responde a demandas materiales legítimas y no a una mera manipulación partidaria. «Evo Morales se encuentra atravesando un proceso judicial complejo que se divide en dos instancias: una causa penal donde se lo procesa por un supuesto abuso de una menor, y la resolución que le impide volver a participar como candidato en elecciones presidenciales. Ante esto, el Movimiento al Socialismo (MAS) presentó divisiones internas notorias; de hecho, en su momento convocaron a un voto nulo que alcanzó el 19% del padrón. El error del Ejecutivo boliviano actual es trasladar absolutamente todas las razones de las protestas a la figura de Evo Morales», remarcó el especialista.
«Eso es no entender la idiosincrasia de Bolivia ni las necesidades reales de su población. Que Evo esté orquestando todo desde las sombras lo veo poco probable. Su electorado fiel está concentrado hoy en Cochabamba y el voto en los nueve estados se encuentra disperso. El problema real de Paz es que no ha encontrado interlocutores potables para unificar un gobierno de consenso», apuntó.
La paradoja de los subsidios en el Altiplano
La quita de regulaciones estatales reabrió el debate doctrinario sobre la viabilidad de aplicar terapias de choque en estructuras comerciales de alta vulnerabilidad. En el centro de esta discusión se ubica el impacto real sobre el precio de la nafta, donde las reformas de la administración de Rodrigo Paz buscaron equiparar el valor de los combustibles a los estándares internacionales de la región, posicionándolo en torno a un dólar por litro para sanear las cuentas públicas y frenar el contrabando hacia los países vecinos.
Sin embargo, la medida colisionó de frente con la matriz socioeconómica local, provocando lo que los analistas denominan el choque cultural. «Los ciudadanos estaban habituados a pagar cerca de 30 centavos de dólar el litro debido a las políticas de asistencia previas. Pasar a los valores normales de mercado de forma directa generó un shock», coincidió Grilli Fox, explicando que la modificación de un costo tan elemental descompagina de inmediato las economías familiares en un sistema donde el transporte y el comercio informal dictan el ritmo del ingreso diario.
Este descontento profundo se tradujo rápidamente en la acusación de las bases trabajadoras e indígenas que apuntalan el tejido social boliviano. «Amplios sectores acusan formalmente al presidente Paz de haber consolidado un pacto político y financiero con las élites conservadoras del país para meter una lógica de motosierra sin anestesia social», consideró el entrevistado.
En base a esta lectura, los manifestantes que hoy sostienen los bloqueos, la eliminación intempestiva de los subsidios representa una ruptura del contrato electoral con las clases populares, las cuales interpretan que el peso del ordenamiento macroeconómico está recayendo exclusivamente sobre sus espaldas.
Desabastecimiento crítico y repercusión en el plano internacional
La parálisis del transporte terrestre en los puntos neurálgicos de Bolivia encendió las alarmas de los países vecinos debido a la escasez de insumos básicos y al reordenamiento de las alianzas ideológicas en el cono sur. «La situación es sumamente delicada y no es sostenible en el tiempo. Al desabastecimiento de alimentos y combustibles se suma ahora la falta de medicamentos primarios en los centros asistenciales. En Argentina, la gravedad del cuadro empezó a visibilizarse con claridad a partir del envío de un avión Hércules C-130 que el gobierno argentino despachó en apoyo ante el pedido explícito de Rodrigo Paz», indicó el experto.
«En simultáneo, el tablero regional se ha tensionado. Paz le solicitó la retirada a la embajadora de Colombia por supuestas injerencias internas de Gustavo Petro. Estos posicionamientos ideológicos en el escenario internacional no ayudan en nada cuando las consecuencias las sienten los trabajadores», amplió.
Sin indicios de un quiebre en el orden constitucional
A pesar de las declaraciones emitidas por oficinas de prensa internacionales y ciertos organismos externos que sugirieron la inminencia de un golpe de Estado, la postura institucional de las Fuerzas Armadas locales desestima dicho diagnóstico. «Yo no lo identifico ni lo veo de esa forma; no creo que hoy se cumplan las condiciones para catalogar la situación como un intento de golpe de Estado. Para que esa figura se configure tendría que existir una intención explícita por parte de las Fuerzas Armadas de intervenir de manera directa para reemplazar al presidente Rodrigo Paz de su cargo como comandante en jefe», observó Augusto Grilli Fox.
«No veo en lo inmediato esa situación en las calles de Bolivia. Al contrario, las fuerzas de seguridad y el ejército están acompañando y sosteniendo la autoridad del presidente de la Nación frente a la crisis. Puede haber reclamos legítimos y un panorama crítico de desabastecimiento, pero el orden democrático formal se mantiene en pie bajo el amparo militar», completó.







