El cierre ininterrumpido del Paso Internacional Cristo Redentor, que acumula más de tres semanas de inactividad debido a los intensos temporales de nieve en la Cordillera de los Andes, mantiene colapsado el transporte internacional de cargas y la red vial provincial. La paralización del principal corredor bioceánico que conecta a la Argentina con Chile no solo mantiene varados a más de 1.500 camiones en paradores, estaciones de servicio y playas de estacionamiento a lo largo de la Ruta Nacional 7, sino que suma a miles de unidades detenidas en los depósitos de las propias empresas de transporte.
En un escenario signado por el desabastecimiento, la interrupción del comercio exterior y pérdidas acumuladas por lucro cesante que superan los 10.000 dólares por unidad detenida, las cámaras empresarias advierten sobre el impacto directo en cargas perecederas, el consumo ininterrumpido de combustible en equipos de frío y el costo adicional de desviar trayectos hacia los pasos del sur como Pino Hachado o Cardenal Samoré. Carlos Messina, presidente de la Asociación de Propietarios de Camiones de Mendoza (APROCAM), en diálogo con FM Vos 94.5, analizó en detalle la gravedad de la contingencia, la logística de las flotas provinciales e internacionales, la estimación del perjuicio económico por camión y la creciente preocupación de las empresas ante la falta de informes oficiales de Vialidad Nacional sobre el estado real de la calzada.
Diagnóstico de la parálisis y la logística del desvío de cargas
La imposibilidad de cruzar la frontera bloquea tanto el comercio originado en Mendoza como el tránsito internacional proveniente de provincias vecinas y de países de la región, indicó el entrevistado. «La situación en alta montaña no ha cambiado nada hasta el momento. Se mantienen las mismas condiciones adversas, el paso se encuentra cerrado y continuamos a la espera de que mejoren las condiciones climáticas. Esto incide de manera directa en el movimiento general de las cargas que están totalmente paradas en la frontera», advirtió.
«Esto incide en el movimiento de las cargas, hay muchas que están paradas en fronteras. Aquellas cargas que por su alto valor económico o urgencia no podían esperar han sido desviadas por los importadores a través de otros pasos del sur, como Pino Hachado y Cardenal Samoré, asumiendo el sobrecosto que ese trayecto implica. El resto de la mercadería permanece haciendo cola en los puntos de contención», indicó el presidente de APROCAM.
«Actualmente, en el Área de Control Integrado (ACI), la YPF y el parador Doña Carmen ubicados en Uspallata, hay alojados cerca de 530 camiones. Si sumamos la playa Mercosur, de Luján de Cuyo, y los cuatro paradores dispuestos a lo largo de la Ruta 7, estimamos unos 1.500 camiones estacionados. No sabemos precisamente cuántos camiones son los que se han desviado. A esa cifra hay que agregarle las unidades que las empresas mendocinas mantienen en sus propios depósitos. Calculamos que apenas se concrete la apertura del paso habrá más de 3.000 camiones listos para cruzar», señaló.

El impacto económico: equipos de frío, combustible y lucro cesante
La inmovilidad de las flotas genera un costo operativo diario permanente que golpea duramente la rentabilidad del sector y paraliza la facturación por kilometraje. «Determinar el costo exacto de mantener un camión parado no es sencillo porque hay unidades que provienen de distintas provincias argentinas y también otras de Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. No es fácil determinar un valor, sin embargo, considerando las variables más convencionales, mantener una unidad detenida cuesta entre 450 y 600 dólares diarios», explicó Carlos Messina.
«Hay que tener en cuenta que tenemos equipos de refrigeración funcionando las 24 horas con cargas perecederas, los cuales consumen combustible minuto a minuto para conservar la mercadería”, afirmó. Bajo este contexto, hay que tener en cuenta que cuando se multiplica ese valor por más de 20 días de parálisis, hablamos de un promedio de 10.000 dólares de pérdida directa por unidad. “Para las empresas que no pudieron negociar con sus clientes un desvío por el sur, el impacto es tremendo», añadió el presidente de la Asociación de Propietarios de Camiones de Mendoza.
«A esa pérdida directa se le suma un severo lucro cesante. Llevamos 22 días con las unidades totalmente inmovilizadas sin poder circular, lo que significa que durante todo este período la herramienta de trabajo de la empresa no estuvo facturando un solo kilómetro», analizó durante la nota dando más referencias de la problemática que están viviendo desde las empresas.
La incertidumbre vial ante una eventual ventana climática
A la espera de una mejora en los partes meteorológicos, la principal preocupación del sector de cargas reside en el estado real de despeje y transitabilidad de la calzada. Esto tiene que ver en gran medida con la falta de datos sobre la situación. «Aunque los pronósticos anticipan la posibilidad de una ventana de buen tiempo para los próximos días, lo que más nos preocupa en este momento es que no sabemos en qué condiciones se encuentra el camino. Vialidad Nacional no está emitiendo partes informativos sobre el avance en las tareas de despeje de la ruta”, expuso.
«Nuestra gran inquietud es que, al momento en que las condiciones climáticas finalmente permitan la apertura, no tengamos una calzada operativamente transitable”, señaló en torno a la posibilidad de que se produzca esta ventana en cuanto al clima pero que la ruta no esté operativa. “Esa es nuestra preocupación. No hemos podido mantener contacto directo con las autoridades de Vialidad ni nos han entregado informes de avance en cuanto a la limpieza del camino; lo poco que sabemos es a través de lo que trasciende de forma aislada en algunos medios o redes sociales», concluyó Carlos Messina sobre el final de la charla.



