Crueldad

Padre José Ceschi

Debo confesar una «debilidad» de mi carácter: no me banco la crueldad. Contra nadie. En primer lugar, contra las personas, y más si son indefensas; pero también contra los animales y hasta incluso los árboles (aunque en este último caso, más por razones estéticas).
La crueldad me parece aberrante no sólo por el dolor o el daño que produce, sino también por manifestar la maldad de quien la realiza, y además porque ella de algún modo termina volviéndose contra quien la ejerce.
Cuando vi por primera y única vez «La Pasión de Cristo», hubo escenas en las que tuve que cerrar los ojos debido a la intensidad y la duración de crueldades que se cometían contra Jesús. Si Mel Gibson esperaba tocar lo más profundo del corazón humano ¿alguien podrá negar que lo consiguió de manera impresionante? Lástima que, por cerrar los ojos, me perdí algunas escenas de altísima ternura como cuando -según me contaron- su madre logra acercarse hasta Jesús para envolverlo en un halo de sufrido amor diciéndole: «Estoy aquí». Hubo espectadores a quienes n les impresionó demasiado la crueldad de la película. Será una cuestión de mayor o menor sensibilidad. No se trata de ser más buenos o menos, quede claro.
Lo que sí debemos distinguir es entre sensibilidad y sentimentalismo. Leo por ahí que Vladimir Nabokob -el notable escritor norteamericano de origen ruso- dice al respecto: «Un sentimental puede ser una perfecta bestia en sus ratos libres. Una persona sensible no será nunca cruel». Conviene recordar de paso que la «crueldad» de las bestias responde a su condición animal, mientras que los llamados seres racionales podemos ubicarnos por debajo del instinto irracional.
Según Freud parece que la crueldad la llevamos en los genes. Lea lo que llegó a escribir: «La acentuación del mandamiento de no matar nos ofrece la seguridad de que descendemos de una larguísima serie de generaciones de asesinos que tenían el placer de matar». ¿Será tan así? De paso, no olvidemos que, desde tiempos remotos de la historia, hubo gente de corazón bueno. Verdaderos santos, incluso. ¿Qué le parece Jesús?

¡Hasta el domingo!