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Cuál es el impacto de las nuevas políticas de importación en el sector vitivinícola

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Las recientes modificaciones en las normativas que regulan la importación y exportación de alimentos en Argentina han generado un intenso debate en diversos sectores productivos. En particular, la industria vitivinícola, uno de los pilares de la economía nacional, se encuentra analizando las implicancias de estos cambios en su actividad.


Si bien la Unión Vitivinícola Argentina (UVA) y la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) coinciden en que las nuevas desregulaciones no tendrán un impacto directo en la importación de vinos terminados, dado que la industria vitivinícola cuenta con su propia normativa específica, sí han destacado un aspecto clave: la agilización de los trámites para la importación de insumos.
En diálogo con FM Vos 94.5, Sergio Villanueva, gerente de la UVA, ha señalado que esta medida puede abrir nuevas oportunidades para la industria, permitiendo el acceso a proveedores y productos extranjeros que podrían mejorar la calidad y la variedad de los vinos argentinos. «El sector vitivinícola no es un gran exportador de productos terminados. Por ello, el nivel de incidencia de las importaciones en el sector es muy bajo. Las desregulaciones tampoco tienen un gran impacto porque en el mundo vitivinícola hay muchos acuerdos en los que se reconocen prácticas enológicas, formas de etiquetado y de comercialización. En cuanto a la importación de insumos todavía no he visto una gran repercusión de esta medida, aunque habría que ver si se produce o no una baja en los costos», expresó Sergio Villanueva al inicio del reportaje. «Pueden aparecer proveedores o nuevos importadores que le pueden dar una mejor ventaja competitiva al sector», añadió.
Después, se refirió a los niveles de exportación y comercialización de los vinos en el resto del mundo. «Desde el 2013, la exportación se viene manteniendo en el mismo nivel. Estamos en los mismos parámetros de comercialización que hace una década. Esa es la realidad y esto se debe más que nada a los vaivenes económicos que sufre la Argentina. Las exportaciones en 2024 crecieron un 5 %, pero en comparación al 2023, que fue un año muy malo debido a los afectos de las heladas del 2022. La cosecha del 2023 fue pésima, además de que hubo problemas para conseguir insumos como vidrio y el pago de servicios al exterior. Lo que quiero decir es que no se trata de un incremento significativo si uno comparase esos cincos puntos de crecimiento con un año normal», analizó.
«Digamos que el sector se volvió a recuperar y nada más. No hubo comercializaciones explosivas ni se desató ningún boom. Argentina abastece solamente el 1 % del mercado del comercio mundial. Nosotros nos propusimos alcanzar aunque sea alrededor del 4 %. Argentina lo puede hacer, pero tiene que estar atento a los cambios de tendencia que van surgiendo mundialmente. La gente cada vez consume menos alcohol, o lo hace de otras formas. El vino está retrocediendo en el consumo. En zonas productivas por excelencia como Burdeos o California están arrancando los viñedos. A la industria vitivinícola le cuesta mucho adaptarse a los cambios», sostuvo Villanueva.
En ese sentido, opinó que se deben tomar varias medidas a largo plazo que le permitan al sector salir del estancamiento. «Tenemos posibilidades de crecer, pero lo que ha atentado siempre contra nuestra industria son los cambios permanentes en las decisiones políticas gubernamentales. Las mismas se relacionan directamente con el tipo de cambio y la carga tributaria. Ahora, no sabemos bien hacia dónde va el mundo. Pero cuando el lateralismo funcionaba, Argentina se sumó al Mercosur, lo cual la privó de hacer acuerdos con otros países. En ese sentido, el sector perdió algún espacio comercial y lo fueron ganado países que tienen políticas unilaterales. Un ejemplo de ello es Chile, que tiene acuerdos de libre comercio. En síntesis, Argentina tiene calidad y mucha producción, pero también altos aranceles e impuestos», manifestó.
«En un país en donde el 50 % de la economía está en negro, el peso de los impuestos cae sobre el resto que está blanqueado. Hay que revertir esa situación y hacer una redistribución de la parte impositiva. La vitivinicultura tiene la capacidad de generar mano de obra intensiva y distribución territorial. Hay muchos sectores en Mendoza y en Argentina que viven del vino, aunque cada vez hay menos empresarios nacionales ligados al mercado. Cada vez menos empresas tienen una mayor composición societaria de las familias. Muchos dejaron de ser dueños. Todos esos son cambios socioeconómicos complejos que repercuten en el sector y en la rentabilidad. Las nuevas generaciones han abandonado el campo, por ello uno de los sectores más golpeados en la vitivinicultura es el primario», consideró el gerente de la Unión Vitivinícola Argentina.
«No hubo buenas políticas de ruralismo. El que vive en el campo está alejado de todo. No cuentan con un sistema sanitario cercano. No hay productores jóvenes en Mendoza. No hay recambio y eso es muy preocupante de cara al futuro. Hay que ampliar la mirada y ver qué pasa más allá de la industria. La vitivinicultura es una actividad que en su cadena de valor involucra a muchos actores», reflexionó sobre el final de la conversación.

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