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jueves 21, de octubre , 2021

Cuán lejos estamos del estoicismo

De acuerdo al uso habitual que se hace del término, “estoico” es aquello que muestra fortaleza y dominio sobre sí mismo, especialmente ante las desgracias y dificultades. La palabra proviene del estoicismo, la escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en el 301 a. C. que, a su vez, deriva de la “Stoa Pecile”, el pórtico pintado del ágora de Atenas donde Zenón impartía las enseñanzas a sus discípulos. Entre los estoicos más célebres se encuentran Epicteto, Séneca o el emperador romano Marco Aurelio.
El principal objetivo del estoicismo era alcanzar la tranquilidad de ánimo. La vida feliz significaba para ellos una “vida digna de ser vivida” y, por tanto, una vida que no puede ser entendida sin la preocupación por los demás y tampoco sin la acción y la participación activa en la vida política de la sociedad.
La ética es central para esta escuela, ya que lo único que verdaderamente importa es la intención moral. No en vano escribe Séneca: “Todos mis bienes están conmigo”: justicia, valor, prudencia, la misma disposición a no considerar como un bien nada que se nos pueda arrebatar.
Según la filosofía estoica, la única parcela temporal sobre la que la persona puede actuar es el presente: tanto el pasado como el futuro se encuentran fuera de nuestro rango de acción y, por tanto, nos deben ser indiferentes. El estoico es una persona de acción, no alguien que se lamenta por lo pasado o que se obnubila con el porvenir.
Afirman los estoicos que existe una sola cosa que depende de nosotros y que nada puede arrancarnos: la voluntad de hacer el bien, la voluntad de actuar conforme a la razón. Esa voluntad bondadosa es “la ciudadela interior inexpugnable”, que cada quien puede edificar en sí mismo. Es allí donde se encontrará la libertad, la independencia, la invulnerabilidad y un valor eminentemente estoico: la coherencia consigo mismo.
Consejos atendibles para momentos en que la realidad nos muestra un panorama casi antagónico, donde a pesar de la necesidad de ser “estoicos” para sobrellevar la coyuntura, muchas de sus máximas filosóficas han sido olvidadas o ignoradas por ciudadanos y dirigentes.

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