Cuando el egoísmo también es una enfermedad

Personas que vienen desde zonas de riesgo y no cumplen con la cuarentena, otras que se reúnen masivamente a pesar de las recomendaciones de las autoridades, otras que publican en redes sociales informaciones erróneas o interesadas en medio de un fenómeno que requiere medidas y mensajes claros e inequívocos. El coronavirus muestra claramente, entre otras cosas, lo indolentes y egoístas que podemos llegar a ser los argentinos.
Ayer, en este mismo espacio considerábamos que una situación como la planteada a nivel global por el coronavirus tiene una sola manera de ser enfrentada: con todos los protagonistas (es decir, todos nosotros) unidos. Sin embargo, muchos compatriotas optan ilógicamente por no ceder ninguna posición individual en aras del bien común. Ese es, precisamente, el meollo del problema: no puede alcanzarse ningún proyecto colectivo o solidario sin sacrificios y cesiones en el ámbito de las posiciones personales. Lo peor de quienes no acatan lo que los especialistas y las autoridades sugieren es que lo hacen desde la omnipotencia del “a mí no me va a pasar nada” o como una especie extrema y sumamente dañosa de la tan famosa como infame viveza criolla.
Estas notables –y lamentables– tendencias ególatras, basadas en un exceso de autoestima y en una falsa creencia de superioridad, descansan en realidad en una disminuida valoración cultural y en una muy mala apreciación de nuestra ubicación universal. Hay en el fondo un escaso conocimiento del mundo circundante, que es tomado con un dejo de desdén e ironía. En esta preocupante “hoguera de vanidades”, lo que está en juego es ni más ni menos que la salud de una parte importante de la población.
Muchas veces nos hemos destacado por nuestra solidaridad cuando uno o varios integrantes de nuestra comunidad necesitan nuestra ayuda o apoyo. En ocasiones como la presente, con las posibilidades de aportar fuertemente al beneficio y la salubridad comunitaria latentes, es cuando deberíamos llevar a los hechos ese espíritu colaborador y cuidador, para con los otros y para con nosotros mismos.

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