En un escenario poco habitual, el lecho del Río Atuel queda al descubierto y deja ver una realidad que muchas veces permanece oculta bajo el agua. Botellas, plásticos, restos de fogones y distintos tipos de residuos aparecen esparcidos en el cauce, evidenciando el impacto de la actividad humana en uno de los principales atractivos naturales del sur mendocino.
En ese contexto, el guía de turismo Pablito Vallejos decidió transformar la preocupación en acción. A través de sus redes sociales compartió un video titulado “las huellas que dejamos los seres humanos después del verano”, donde se lo puede ver recorriendo el río y recolectando basura. La iniciativa no solo apunta a limpiar, sino también a generar conciencia.
La situación actual responde a los cortes del caudal dispuestos por Departamento General de Irrigación, una medida habitual en determinadas épocas del año. Sin embargo, lejos de representar únicamente una pausa en el curso del agua, el momento abre una oportunidad concreta: con el cauce seco y accesible, es posible intervenir en zonas que durante meses permanecen cubiertas.
“Si no actuamos ahora, cuando vuelva el agua esos residuos serán arrastrados, contaminando fincas y embalses aguas abajo”, advierte Vallejos, quien además remarca que su tarea es completamente voluntaria. “No me pagan ni trabajo para ninguna entidad, pero si subís a la montaña, traete unas bolsas”, propone, apelando a la responsabilidad individual de quienes visitan el lugar.
ENTRE TODOS SE PUEDE COLABORAR
La problemática no distingue entre locales y turistas. Los residuos encontrados reflejan hábitos que se repiten temporada tras temporada, especialmente en zonas de uso recreativo. Por eso, el mensaje busca interpelar a todos por igual, en un llamado directo a cuidar un recurso que forma parte de la identidad y el desarrollo de San Rafael.
En tiempos donde el turismo de naturaleza crece y posiciona al departamento como uno de los destinos más elegidos, acciones como esta ponen el foco en un aspecto clave: la sostenibilidad.
Porque más allá del paisaje, lo que está en juego es la preservación de un entorno que, con pequeños gestos, puede mantenerse limpio y vivo para las próximas generaciones.







