Hay tragedias que quedan en la memoria de una comunidad aunque los años pasen. La de la Cuesta de los Terneros es una de ellas. Aquel 25 de junio de 2017, San Rafael quedó atravesado por un dolor que todavía cuesta poner en palabras: un viaje de chicos y familias terminó con 15 vidas perdidas y otras tantas marcadas para siempre.
Los sanrafaelinos respondieron como se responde cuando el sufrimiento ajeno se siente propio. Hubo vecinos que acompañaron a los sobrevivientes y abrazaron a los familiares que llegaron desde Buenos Aires, desolados, buscando respuestas que nadie podía darles. Personas que habían salido de sus casas para reencontrarse con sus hijos y debieron enfrentar lo inimaginable. En esas horas, nuestra comunidad les ofreció presencia, ayuda y un lugar donde sostenerse.
Después vino una espera que ya lleva más de nueve años. Para quienes perdieron a alguien, cada instancia judicial puede significar mucho más que un movimiento de expediente. El fallo que cerró la causa para los dos acusados volvió a golpear a familias que todavía esperan que las responsabilidades sean discutidas en un juicio.
Por eso, la decisión de la Suprema Corte de anular los sobreseimientos y permitir que el proceso avance hacia un jurado popular abre una luz de esperanza. No anticipa culpabilidades ni devuelve las vidas perdidas. Recupera la posibilidad de escuchar las pruebas, confrontar los argumentos y obtener una respuesta judicial después de tantos años.
En ese recorrido corresponde reconocer la persistencia del fiscal Pablo Peñasco y del abogado de la querella, Rufino Troyano. Desde sus respectivas responsabilidades, sostuvieron los recursos para que la causa pudiera continuar. Troyano, en representación de familiares de las víctimas, tampoco bajó los brazos frente a una decisión que parecía cerrarles el camino. Esa perseverancia merece ser valorada por lo que permite hoy: llegar a la instancia en la que deberá resolverse la acusación.
San Rafael tiene razones para seguir mirando esta causa con atención y sensibilidad. Aquí ocurrió la tragedia. Aquí se atendió a los heridos, se recibió a las familias y se compartió una angustia que desbordó hospitales y distancias.
Acompañar también significa recordar cuando la noticia deja de ocupar las portadas. Ahora que vuelve a abrirse el camino hacia el juicio, aquellas familias necesitan saber que esta comunidad sigue cerca. Como estuvo en las horas más oscuras de sus vidas.



