La caída del consumo y el deterioro del entramado pyme en Mendoza han activado las alarmas de la Federación Económica de Mendoza (FEM). Un reciente estudio de opinión realizado en el oasis norte revela un cambio drástico en las estrategias de supervivencia de los hogares: tras agotar la capacidad de recorte en sus gastos, los mendocinos vuelven a las grandes superficies y buscan desesperadamente estirar la jornada laboral. Santiago Laugero, presidente de la FEM, analizó en diálogo con FM Vos 94.5 la radiografía de una economía que combina morosidad creciente con un financiamiento que no termina de arrancar.
Del recorte a la búsqueda de nuevos ingresos
Tras dos años de ajustes domésticos severos, el diagnóstico de la FEM indica que las familias han llegado a un límite en su capacidad de ahorro y ahora apuestan a la generación de recursos adicionales. «En alianza con la consultora Demokratia, realizamos una encuesta que, si bien tomó casos del oasis norte, refleja el comportamiento de nuestras pymes en toda la provincia. El dato central es que muchas familias ya hicieron todos los ajustes posibles en 2024 y 2025; hoy la estrategia es salir a la búsqueda de nuevos ingresos. Aparece con fuerza la opción de las ‘changas’, de tomar un segundo empleo o aumentar las horas en el actual», expuso Laugero al inicio de la nota.
«El problema es que el mercado no está validando esa voluntad de esfuerzo adicional; no es tan fácil hoy encontrar un trabajo existente que permita ese alivio», amplió.
De la cercanía al mayorista: el nuevo mapa del consumo para estirar el salario
El estudio realizado por la Federación Económica de Mendoza detectó un cambio notable en el comportamiento de compra de los ciudadanos, donde la comodidad de la cercanía cede terreno ante la necesidad urgente de maximizar el rendimiento del salario. Esta tendencia se manifiesta principalmente en la búsqueda de precio y cuotas. «Sigue siendo fuerte la compra en negocios de cercanía, pero ya no para el rubro de alimentos. Hay una vuelta marcada a los supermercados, mayoristas y grandes superficies. El consumidor hoy busca precio desesperadamente y, sobre todo, las opciones de financiación que ofrecen la tarjeta de crédito y las cuotas», comentó Santiago Laugero.
Sin embargo, este cambio de hábito convive con el fantasma de la deuda, un indicador que preocupa al sector comercial. «Este fenómeno tiene un paralelismo directo con los datos que recibimos sobre morosidad. El endeudamiento de las familias para cubrir consumos básicos está creciendo de manera sostenida, y eso es un termómetro claro de la fragilidad económica actual», observó.
Desde este punto de vista, la migración hacia las grandes superficies, entonces, no solo responde a un ahorro nominal, sino a la necesidad de «patear» los pagos ante la falta de liquidez inmediata.
El laberinto del financiamiento pyme
Para Laugero, la esperanza que generó la baja de tasas en 2025 se ha diluido en los últimos meses del año y lo que va de 2026, dejando a las empresas en una situación de vulnerabilidad financiera. «El financiamiento viene con idas y vueltas. Tuvimos una baja de tasas en 2025 que marcó un camino para mejorar la productividad, pero esa tendencia se redujo hacia fin de año. Hoy el contexto mundial es difícil y las tasas no ayudan. En el sector de la construcción, por ejemplo, los créditos hipotecarios se fueron diluyendo; aunque algunas entidades bajaron la tasa recientemente, han endurecido los requisitos de tal forma que actúan como un filtro infranqueable. Si la traba no es la tasa, es la rigidez del banco para calificar al cliente», sostuvo en ese tramo de la charla.
Herramientas de fomento y el nuevo RIMI
Ante la marcada retracción del crédito bancario tradicional, las instituciones de fomento y los nuevos marcos legales emergen actualmente como las únicas vías de escape viables para sostener la inversión en la provincia. Este escenario ha impulsado la relevancia de los créditos dirigidos a sectores estratégicos. «Hay novedades positivas con líneas del BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior) para logística y del CFI (Consejo Federal de Inversiones) para industria con tasas especiales, aunque todavía hablamos de movimientos chicos en comparación con la necesidad general. El Banco Nación ha acompañado sectores específicos, como la cosecha agrícola, con tasas especiales; lo cual es un buen dato ante la falta de acompañamiento que hemos visto de otros sectores, como las bodegas hacia los productores», declaró el titular de la FEM.
A este esquema de asistencia financiera se suma el impulso legislativo generado por las nuevas normativas nacionales. «Vemos con mucha expectativa el RIMI (Régimen de Promoción de Medianas Inversiones) que se aprobó junto con la reforma laboral. Entendemos que puede ser el envión necesario para el desarrollo de nuevos proyectos que hoy están frenados por la incertidumbre económica», resaltó.
Según el dirigente, estas herramientas son claves para reactivar proyectos de inversión que requieren un horizonte de previsibilidad y costos financieros acordes a la rentabilidad productiva actual.
La urgencia de una inyección económica
Finalmente, el referente de la FEM analizó el equilibrio entre el ajuste estatal y la necesidad de reactivar el consumo para evitar el cierre de más unidades productivas. «Vemos con beneplácito la mayor eficiencia y la eliminación de costos superfluos del Estado, pero entendemos que hoy la economía necesita una inyección de dinero. El derrame de las actividades consolidadas, como el petróleo en Neuquén o la minería, viene muy lento. Mientras tanto, nuestra industria madre, la vitivinícola, y sectores clave como el turismo y el comercio pasan momentos complicados«, manifestó.
«El contexto es de mucha retención económica y caída del poder adquisitivo; necesitamos que los engranajes empiecen a moverse antes de que el daño al entramado pyme sea mayor», completó.







