Marina Zavalia nació en Buenos Aires, pero su vida siempre estuvo ligada a los paisajes abiertos. Creció entre el campo en La Pampa y La Cumbre, en Córdoba, donde aprendió a mirar el mundo desde la simpleza de la vida al aire libre.
Aunque se recibió de abogada con diploma de honor en la Universidad de Buenos Aires, el título quedó guardado en un cajón: la curiosidad y las ganas de descubrir el mundo pesaron más que cualquier escritorio.
Primero viajó mucho más por los libros que por las rutas, pero cuando pudo juntar sus ahorros decidió transformar esos paisajes imaginados en huellas reales.

Así se fue sola a Europa, siempre con la misma lógica: bajarse del tren lejos de las grandes ciudades y perderse en valles y montañas. Recorrió los Alpes Suizos y Austriacos, las tierras altas de Escocia, la isla de Skye, la Selva Negra y el corazón verde de doce países, siguiendo un impulso constante hacia la montaña.
África fue otro punto de quiebre. En Tanzania tocó puertas hasta encontrar una escuela donde hacer voluntariado. Allí colaboró en tareas educativas, pero –según cuenta– fue ella quien terminó aprendiendo más: sin hablar el idioma, debió adaptarse a los códigos africanos, convivir con la incertidumbre y desarrollar al máximo su intuición mientras se adentraba sola en algunos de los paisajes más salvajes del continente.

Hoy, con 30 años, Marina Zavalia ya conoció 16 países viajando sola, aunque afirma que es justamente en esos viajes donde más gente encuentra y donde más se siente “en casa”. De esas experiencias nacieron amistades que hoy son familia desparramada por el mundo.
ANKATERRA
Con esa mochila de historias decidió dar un giro: volver la mirada a su propio país y recorrer la Argentina en campervan, haciendo honor a sus raíces. Así nació Ankaterra, “tierra del águila”, el proyecto con el que invita a otros a viajar y a vivir la naturaleza desde la libertad: del parapente, del caballo, de la montaña, de la tierra virgen.
En ese camino, Mendoza fue una de las primeras provincias en su mapa. Ya había pasado por San Rafael, donde compartió los amaneceres del Cañón del Atuel.

Esta vez decidió subir aún más hacia la cordillera y encarar al sur. Con mejores condiciones climáticas que en su visita anterior, salió del sur mendocino hacia la Patagonia.
En Malargüe visitó La Payunia y siguió por Bardas Blancas tomó rumbo a Neuquén por una ruta áspera pero impactante.
Entre amaneceres en el Atuel, volcanes negros en La Payunia y kilómetros de ripio hacia el sur, Marina Zavalia va cumpliendo su sueño de recorrer la Argentina a su manera: despacio, con tiempo para mirar, conectar con la gente y dejar que cada paisaje le siga mostrando, una y otra vez, qué significa la palabra libertad.







