De qué manera los teléfonos celulares secuestran nuestra mente

Los usuarios promedio de un teléfono celular lo emplean 80 veces cada día, o casi 30.000 veces en un año. Según una encuesta de Gallup, la mitad de ellos no se imaginan ya la vida sin el dispositivo.

Mantienen el aparato siempre a mano, como un amigo inseparable, o un secretario o un gurú. Para leer mensajes, para consultar aplicaciones, para atender a algunas de sus alertas un montón de veces por día. «El teléfono inteligente se ha convertido en un depósito del ser, registra y distribuye las palabras, los sonidos y las imágenes que definen cómo pensamos, qué experiencias vivimos y quiénes somos», escribió Nicholas Carr en Wall Street Journal (WSJ).

Eso explica por qué el teléfono móvil causa tanta angustia entre los usuarios, que son casi tantos como la población del mundo: actualmente existen 6.800 millones de suscripciones a celulares, con una penetración de 96 personas cada 100.

Carr —autor de The Shallows y Utopia Is Creepy, entre otros libros— se preguntó qué sucede en la mente humana cuando se genera esa codependencia entre la percepción del mundo y un objeto que se ubica como un intermediario para comprenderlo. Encontró muchos trabajos científicos al respecto, que le dejaron la impresión de que esa relación entre las personas y sus teléfonos «es a la vez fascinante e inquietante».

En primer lugar, destacó que la forma en que los celulares dan forma a los pensamientos no se limita al momento en que se los usa. Eso importa porque una de las consecuencias universales del uso de móviles es la dispersión, que debilita el intelecto.

Según un estudio de la Revista de Psicología Experimental, si el teléfono suena o vibra cuando una persona está enfrascada en una actividad, inmediatamente su concentración se pierde y la actividad se afecta. Lo más asombroso es que eso sucede atienda o no el mensaje, la alerta o la llamada. Y según otro trabajo sobre la mediación digital, cuando alguien escucha su teléfono pero no puede responderlo, le sube la presión, se le acelera el pulso y capacidad de resolución disminuye.