De qué se trata la Ruta de la Seda, el proyecto chino para conectar Asia, Europa y África

Se llama «One Belt, One Road» el proyecto chino de la Ruta de la Seda, una clave contemporánea destinada a conectar Asia con Europa y África, y, sobre todo, a poner a Pekín en el centro de un tránsito capaz de rediseñar equilibrios económicos y geopolíticos.

Es una red de conexiones, una marítima y la otra terrestre, basadas en dos direcciones principales. Una de ellas es continental, desde la parte occidental de China hasta el norte de Europa a través de Asia Central y Medio Oriente, en el marco de la visita a Roma del presidete chino Xi Jinping que comenzó hoy.

La otra, la marítima, entre las costas chinas y el Mediterráneo, pasando por el Océano índico. El plan, anunciado en 2013 por el presidente chino Xi Jinping y explicado por el primer ministro Li Keqiang durante varios viajes por Europa y por Asia, pretende involucrar a 65 países que reúnen alrededor del 65% de la población mundial y el 40% del PBI. Su realización tendría un costo de al menos 900 mil millones de dólares, una cifra enorme que ni siquiera el gigante chino podría gestionar en soledad. En 2014, Pekín lanzó el Silk Road Fund, un fondo de 40 mil millones destinado a atraer inversiones extranjeras.

Otros 100 mil millones de dólares llegarían del Banco Asiático de Inversiones para infraestructuras (AIIB), una central desarrollo en la que participan varios países europeos. Se trata de una red que podría extenderse fácilmente y hacer posible una de las más grandes inversiones en infraestructura. Así, las conexiones terrestres y ferroviarias viajarían en tres líneas principales: la primera va a Europa a través de Kazajstán, Rusia y Polonia hacia el Mar báltico.

La segunda sigue básicamente la línea transiberiana, mientras la última, más al sur, pasaría por el Golfo Pérsico, tocando Islamabad, Teherán y Estambul. Dos, entretanto, serían las rutas marítimas: la primera partiría de Puerto chino de Fuzhou y, a través del Océano Índico y el mar Rojo, tocaría África y llegaría a Europa, involucrando en Italia los puertos del noreste. La segunda, siempre desde Fuzhou, apuntaría a las islas del Pacífico. El plan abriría el camino hacia el gas y los oleoductos.

El mapa completo de flujos económicos mundiales podría ser rediseñado, aunque en un período de décadas.